El Machismo mata. Tu indiferencia también.

 Por Gimena Gonzalez Eastoe

Neuquén también gritó, como en el resto del país: Vivas Nos Queremos. El viernes por la tarde, miles de personas se volcaron a las calles para reclamar el derecho de las mujeres a vivir libremente. No se trata sólo de una consigna, es la síntesis de un proceso de lucha por la igualdad de derechos y por el más fundamental de ellos: Vivir.
El movimiento de mujeres ha logrado hacer confluir diferentes sectores de la sociedad que van desde las Socorristas, que luchan por el derecho al aborto, hasta los más diversos gremios. Se han conformado multisectoriales y han salido también los partidos políticos tradicionales. Lo que nos une es el grito de #NiUnaMenos.
Los escandalosos números de las mujeres asesinadas por la violencia machista, nos dicen que cada 30 horas, o menos, una mujer muere en manos de un femicida. Pero como la violencia se perpetúa en las acciones más cotidianas, esta movilización quiere visibilizar cada una de esas prácticas que llevan a la muerte a miles de mujeres, y que cuando no mueren, desaparecen. Las redes de trata, el maltrato familiar, la violencia en la pareja, la desigualdad en el ámbito laboral, la justicia sexista y patriarcal son formas de violencia institucionalizadas. La cultura machista nos ha impuesto formas de belleza que enferman, nos ha degradado con sus “piropos” acosadores y nos condena a un solo deber ser, el de ser madres. Ser madre es un derecho y no una obligación, pero la sociedad ha naturalizado este mandato pequeño burgués que nos obliga a parir con dolor, a soportar la humillación con la violencia obstétrica, a cargar con culpa por el aborto o en el peor de los casos, a morir.

Visibilizar todas y cada una de estas problemáticas por las que las mujeres atravesamos, es un primer paso para comenzar a erradicar la violencia machista de nuestra sociedad. Porque el machismo también enferma y mata hombres, condena a los que lloran, bardea a los “putos” o acusa de “maricas” a los que no cumplen con el estereotipo de macho alfa. Que no sos hombre si no te la encarás, si no te la cogés; que sos un pollerudo si haces lo que te pide o compartís los quehaceres domésticos. Un sinfín de ejemplos podemos esbozar y en cada uno de ellos, vos, yo y el de más allá, nos vemos afectados por este tipo de violencia.

Como si fuera poco, asistimos en estos tiempos a la llegada de un neoliberalismo más degradante. El ajuste, los tarifazos y los despidos nos hunden en la miseria, y es necesario que los grandes medios de comunicación lo oculten o peor aún, lo justifiquen para mantenernos sumisas/os. Y cuando la bronca se organiza, la represión hace su parte. Desde principio de año, Milagro Salas esta presa. Presa por ser una mujer laburante y militante, por haberle hecho creer a unos cuantos pobres que tenían algún derecho. Por eso, en esta nueva convocatoria, se suma a las reivindicaciones, su liberación. No hay NiUnaMenos sin Milagro Salas.

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