El inicio de clases en manos del gobierno provincial

En Neuquén las clases no empiezan. Similar situación se vive en otras siete provincias al no cerrar los acuerdos paritarios. La oferta inicial del gobierno de Omar Gutiérrez fue del 11,5% de aumento y volver a negociar en agosto. El rechazo fue unánime. Diez días después, el MPN se superó y propuso un 25% a pagar en dos tramos (16 en marzo, 9 en septiembre). Los docentes, afiliados en ATEN, volvieron a rechazar en forma contundente la propuesta. En un contexto nacional en el que la devaluación alcanza el 60% y la inflación supera el 10% en menos de tres meses de macrismo, ofertas por el estilo resultan una tomada de pelo.

 

Un salario digno frente a las zonceras cotidianas

Los docentes exigen un aumento salarial del 40% a pagar en una sola cuota, sin sumas en negro. Recordemos que el gobierno provincial se había comprometido a rediscutir salarios en el segundo semestre del año pasado. Nada de eso pasó tras el triunfo de Gutiérrez en abril del 2015. Al mismo tiempo, las modificaciones en el impuesto a las ganancias llevadas adelante por el macrismo, perjudican aún más el ingreso mensual de cada docente. La eliminación de la cuarta categoría es otro reclamo que levanta el gremio.

Y ahí están las primeras voces críticas afirmando que los docentes son vagos, que laburan cuatro horas por día y que tienen tres meses de vacaciones. Tanta perorata para desentrañar. Tanto palabrerío que hay que separar para salir de este sentido común que no hace más que equivocar quién es el que realmente atenta contra la educación pública.

Por caso, los docentes de nivel medio pueden tomar hasta 36 horas semanales. No todos lo logran; los que recién empiezan deben contentarse muchas veces con solo la mitad de ellas, recorriendo seis, siete escuelas, en un sistema poco democrático para el acceso a la fuente laboral. La ley exige 180 días de clase. Los supuestos tres meses de vacaciones (que se reducen a 40 días si se hacen cuentas) significan que durante ese tiempo, no se puedan tomar horas. Es decir, vivir con lo que se cobra por las horas que se tienen. Un salario promedio ronda los 15 mil pesos, muy exiguo si hay que pagar alquiler, comida y mandar a los hijos a la escuela.

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La comunidad ausente en el debate educativo

Desde hace años que el MPN juega al desgaste con los docentes. Prometen y se desdicen apoyados sobre dos bases que le son favorables. Una, la precariedad laboral en la que están sumidos los trabajadores de la educación, precariedad que no se reduce a lo salarial ya que basta mirar la situación edilicia de muchas escuelas para reconocer que la problemática es mucho más compleja.

Otra, la facilidad con que la sociedad echa culpas sobre el cuerpo docente. Esa misma sociedad es la que critica abiertamente pero no se hace cargo de que la educación de sus hijos también es su responsabilidad. Al fin y al cabo, la famosa comunidad educativa no es ni más ni menos que la sociedad plena. Detengámonos a pensar a quién le conviene realmente un pueblo sin educación, sobre todo en un contexto nacional de retorno del individualismo y el sálvese quien pueda. ¿Cuántos de ustedes, lectores, van a las reuniones de padres, leen los cuadernos de comunicaciones, revisan las carpetas o piden entrevistas con los maestros y profesores de sus hijos? Sea sincero. Si los docentes hoy discuten la cuestión salarial es porque se encuentran, en gran parte, solos frente al desprecio del gobierno provincial y una sociedad apática. Para putear estamos todos; para hacernos cargo, pocos.

 

La privada como negocio oligárquico y perjuicio a lo público

Para colmo, con cada conflicto muchos estudiantes piran hacia la educación privada. ¿Y quiénes dan clases en ese ámbito? Acertó. Los mismos docentes que en la pública. Con algunas complejidades, claro está. En muchas escuelas privadas, los docentes no pueden sindicalizarse libremente, son presionados en forma constante para cambiar notas, su continuidad laboral pende de un hilo, se paga menos, con atraso, y los dueños esconden los descuentos para jubilación y obra social en sus bolsillos. ¿Y a que no adivina quiénes son los propietarios de esas escuelas privadas? Pero muy bien! Acertó de nuevo. La plana mayor histórica del partido provincial.

Entonces, volvemos a la pregunta inicial. ¿A quién le conviene una sociedad ignorante, cuya escuela pública esté en ruinas? Si usted, como padre, madre, amigo, vecino, no se involucra, le tenemos una mala noticia. Las problemáticas que estamos denunciando no solo se seguirán repitiendo sino que empeorarán. Y un día, la educación dejará de ser pública. Y usted deberá abonar mensualmente una cuota para enviar a sus hijos a la escuela. Y quien cobre esa cuota será su gobernador, funcionario o intendente a través de un testaferro.

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