El Gordo Cooke. La liberación permanente

Prof. Emilio Cortese

Muchos se preguntarán quién era este personaje con un nombre tan particular. John William Cooke fue uno de los tantos hombres y mujeres que lucharon por una Latinoamérica soberana, libre y justa.

Primeros años. Su acercamiento al peronismo
Forjado en un espíritu crítico, revolucionario por convicción, por estudio y conciencia, nació en la ciudad de La Plata en 1920. De cuna radical, devorador de libros, estudiante destacado de la facultad de Derecho y amante del tango, Cooke es un emblema del campo nacional y popular.
El 17 de octubre de 1945, con los obreros en la Plaza de Mayo, el Bebe, como también lo llamaban, se incorpora al naciente Movimiento Popular y encuentra en el peronismo el espacio que buscaba para la militancia política. En 1946, recién recibido de abogado y con tan solo 26 años, fue elegido diputado nacional, cargo en el que permaneció hasta 1951, marcando su propia línea, por fuera de la obsecuencia tan presente en el gobierno peronista. Para 1954, editó la revista De Frente, en la que planteó sus posiciones antiimperialistas, de liberación nacional y crítico de la burocracia sindical.

Desde la Resistencia, por una Latinoamérica libre
El 20 de septiembre de 1955 fue detenido por la autodenominada Revolución Libertadora, y enviado a una cárcel en Río Gallegos, desde donde participó de la organización de la resistencia. El General Perón, desde su exilio, lo puso al frente del denominado “Comando Táctico” el 2 de noviembre de 1956 a partir de una carta en la que avalaba firmemente su acción y en caso de fallecimiento lo designaba su sucesor. Tras huir el 18 de marzo de 1957 de la prisión, Cooke se instaló en Chile, desde donde pudo operar con eficacia los diferentes grupos de resistencia.
Volvió al país en 1958, y participó activamente en la huelga frigorífica nacional contra las privatizaciones propuestas por el presidente Frondizi. Colaboró para que las luchas sindicales trascendieran el plano reivindicativo y adoptaran un claro objetivo antiimperialista. En 1959, perseguido, Cooke abandonó el país con destino a Cuba, donde realizó diversas tareas de apoyo al gobierno revolucionario y entabló amistad con el Che Guevara. Su militancia, convicción y compromiso lo llevó a defender la revolución frente a la invasión de Playa Girón, cuando las fuerzas reaccionarias, financiadas por el gobierno de los Estados Unidos, intentaron invadir Cuba en abril de 1961.

Retorno al país. Últimos años
Inició una larga tarea de acercamiento entre el peronismo y el castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes argentinos para ser entrenados en Cuba. A fines de 1963, Cooke volvió a la Argentina y organizó la Acción Peronista Revolucionaria junto a su mujer, militante también, Alicia Eguren.
Sus últimos años, asediado por una enfermedad terminal, lo encontraron firme en su conducta de militante ejemplar, siempre junto al pueblo. Sin embargo, su vida llegó a su fin el 18 de septiembre del año 1968. Sus ideas han sido banderas de organizaciones populares. Hoy cuando se abren procesos de Liberación a lo largo de Latinoamérica, reivindicamos su vida, su militancia, su pasión, como ejemplos y banderas a seguir.

La necesidad de recordarlo y reivindicarlo
La participación del Gordo en la política nacional y latinoamericana trascendió posturas doctrinarias y posicionamientos cerrados. Su lealtad a la lucha antiimperialista, su pensamiento y su acción, muestran una integridad única y una conciencia crítica capaz de llevar adelante polémicas hasta con el mismo Perón.
Sus escritos nos permiten pensar más allá de la lógica de la política institucional y nos abren las puertas a una postura militante más amplia. El debate debe rondar la cuestión cultural ya que es puntapié inicial de la transformación social. Si, como decía Cooke, “en un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios”, en una sociedad libre las palabras, las emociones y las decisiones estratégicas las escribe el pueblo.

“El único nacionalismo autentico es el que busque liberarnos de la servidumbre real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y demás sectores populares, y por eso la liberación de la Patria y la revolución social son una misma cosa, de la misma manera que semicolonia y oligarquía son también lo mismo.”

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