El debate por el desarrollo del shale

Superar el pesimismo de las minorías con un programa nacional y popular
Por Luis Felipe Sapag

La puesta en valor de los inmensos recursos hidrocarburíferos no convencionales (RHNC) de Neuquén posee significados tecnológicos, económicos y políticos de gran trascendencia para el desarrollo provincial y para la consolidación de una estrategia nacional de crecimiento con autonomía. Reducir el esfuerzo de implementar un programa soberano basado en el sistema socio tecnológico del shale y el tight a la sola y negativa consigna “no al fracking” constituye una caricatura ideológica que, pese de acompañarse con lemas de tono pseudo progresista (“si al agua, no al petróleo”, “cuidemos la vida”, “fracking es muerte”, “defender a los pueblos originarios”, “no a las zonas de sacrificio”), en los hechos consiste en una proclama liberal, conservadora, anticientífica y antinacional.

Es liberal porque pretende enmascarar el complejo social e industrial que se empieza montar mediante la estigmatización de una técnica, la estimulación geomecánica con presión hidráulica, que, como cualquiera de las invenciones que hicieron avanzar la humanidad, conlleva, a la vez, costos y beneficios. Todos los componentes que rodean y dan sentido a esa práctica son ignorados y reemplazados por los maléficos contenidos con los que se la quiere dotar, maniobra favorecida por la cacofonía de la onomatopeya inglesa“fracking”.

Así, para esos colectivos minoritarios desconocen las investigaciones geológicas y petrofísicas, los desarrollos de perforaciones horizontales, la microsísmica y la sísmica 3D. La valorización de enormes formaciones sedimentarias, antes estériles, para ellos carece de importancia. La posibilidad de crear miles de nuevos empleos, promover centenares de PYMEs nacionales y consolidar nuestras empresas petroleras estatales (YPF, ENARSA y GyP) no parece ser de interés, a la par que difunden un negro pesimismo. Tampoco la posibilidad de adquirir y generar nuevos conocimientos y capacitar trabajadores, profesionales e investigadores. La focalización por parte de pequeños colectivos en cuestiones fragmentarias y alejadas del interés general es un típico comportamiento individualista y liberal, agravado en este caso por la inocultable situación de la balanza energética deficitaria del país.

La querella ultrambientalista es también conservadora porque propone la paralización de los proyectos hidrocarburíferos y energéticos en marcha. La mayoría de los grupos no plantea alternativa alguna y unos pocos pretenden que las energías sustentables (eólica, solar, hidráulica) pueden sustituir inmediatamente a los combustibles fósiles, lo que cualquier ingeniero o economista informado sabe que sería imposible de realizar en no menos de 30 ó 40 años, tanto en la Argentina como en el mundo entero, atada como está la humanidad a una historia construida con carbón, petróleo, gas y energía nuclear.

Por sostener discursos facilistas e irracionales, como la imposible transformación a corto plazo de las matrices energéticas, es que las minorías apocalípticas son también anticientíficas. En ese irresponsabletalante,y sin pruebas verificables, no dudan en adjudicar enfermedades usuales a contaminaciones petroleras, a confundir flujos de gases biogénicos (“gases de pantano”) con emanaciones provocadas por las perforaciones y a afirmar que la mínima y controlada actividad sísmica de las fracturas hidráulicas produce terremotos. Su irracionalismo les impide diferenciar impactos tecnológicos (consecuencias experimentadas, planificadas y controladas durante los procesos productivos) de contaminaciones o accidentes (consecuencias no deseadas). Así, cualquier porcentaje de sales o vibraciones telúricas, por pequeñas e inocuas que resulten, serán “pruebas” de los “atropellos del capitalismo salvaje”.

Optimismo y liderazgo estatal para el desarrollo

Suficiente espacio para los pesimismos; pasemos a las propuestas positivas. La Argentina, y dentro de ella Neuquén, se encuentran en una situación de decisión política clave, pues tienen la oportunidad de apoyar en el desarrollo de los RHNC las bases sociales y económicas del futuro. La dificultad más importante para el crecimiento con inclusión laboral, equilibrio fiscal y estabilidad monetaria es la restricción externa, es decir, el problema crónico de generación de medios de pago externos (divisas) motivado por el insuficiente desarrollo industrial, que obliga a importar equipos, maquinarias e insumos críticos. Japón y Holanda, para tomar dos casos evidentes, pueden crecer sin materias primas porque los excedentes que generan sus sistemas industriales les permiten adquirir aquellas sin esfuerzos. Los países periféricos son la contracara de esa “comodidad”, pues apenas sobreviven vendiendo -a los magros precios que imponen los centros desarrollados- sus bienes primarios con poco o nulo valor agregado. Es la antigua y no superada dependencia contra la que los “setentistas” seguimos luchando y que la globalización, lejos de diluirla, otorgó nuevos contenidos tecnológicos y culturales. De las venas abiertas de nuestros países no solo fluyen bienes aportados por la naturaleza; ahora además somos tributarios de rentables colonizaciones culturales: el turismo, la música, el deporte, los chiches tecnológicos y toda la parafernalia comunicacional de la TV y el cine, contenidos globales que amenazan arrasar nuestras idiosincrasias, nuestras historias, nuestras etnias originarias y nuestras culturas.

La condición necesaria (no suficiente) para plantarse con identidad y eficacia ante tamaña agresión económica y semiótica es el logro de una básica autonomía de decisión sociopolítica, la que solo puede existir si la balanza de pagos es capaz de generar suficientes divisas para financiar el desarrollo. Eso es lo que se juega,con las cartas en la mano de YPF, en la explotación de las formaciones Vaca Muerta, Molles y Agrio; la apuesta que hacen, felizmente juntos, los Estados nacional y provincial, para producir suficientes hidrocarburos y aliviar el sector externo.Estados que piensan y planifican en función de las demandas más sentidas por los argentinos: trabajo, educación, salud, vivienda y futuro sustentable para sus hijos; también turismo y confort tecnológico. Entre esos objetivos también figuran otros en igualdad de prioridades, tales como seguridad ciudadana y cuidado del medio ambiente. Pero el saber popular no exagera ninguno de esos deseos, al punto de ponerlos por encima de los demás.

Sobre esas bases análisis y consenso es que las alianzas populares nacional y provincial actualmente en el poderacordaron estrategias viables, sustantivadas en el Plan de Soberanía Energética a nivel del país y el Programa Hidrocarburífero de Neuquén,con la creación de Gas y Petróleo de Neuquén SA(GyP), la “YPF neuquina”. El campo político local ha cambiado y los gobiernos nacional y provincial participan de una construcción en conjuntoque seguramente irá mucho más allá en la escala y en el tiempo de vigencia de los períodos de gobierno. En particular, GyP opera en sociedad con ENARSA, la otra empresa energética nacional, el área de recursos convencionales Aguada del Chañar, desde donde ya se está inyectando gas al sistema de distribución.

Vaca Muerta, Chihuidos y después

La principal fuente de progreso de nuestra provincia fue y serán los hidrocarburos, pero una visión de largo plazo tiene que imaginar un Neuquén que sea mucho más que un gran campamento petrolero. Debemos apuntar a diversificar no solo la matriz productiva, también nuestra calidad de vida, nuestra cultura y nuestras oportunidades para que cada ciudadano pueda construir su futuro. Para ello hay que aprovechar el flujo de fondos que proveerá Vaca Muerta para planificar y promover la agricultura y la forestación irrigando las zonas centrales de secano, así como el turismo, nuevas industrias y servicios de alta complejidad. La concreción de la represa de Chihuidos I y el desarrollo de las potencialidades agropecuarias que ella creará sería emblemática en ese camino. Tal programa debería verse como un todo integrado, no como estructuras separadas e inconexas. Solo el Estado puede conducir un proceso positivo así concebido, en un contexto político donde seguirán participando las fuerzas que hoy son protagonistas, donde las minorías intensas continuarán seguramente con su prédica antinacional, pero donde las mayorías populares asegurarán una democracia participativa, inclusiva y progresista.

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