El arte de las musas (parte III)

“Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes… en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído…Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado… pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre…” Así describió Guiseppe Tartini, su encuentro con Satanás y el origen de su sonata “Il trillo del diavolo” escrita en el siglo XVIII.

Una historia parecida es la de Paganini, solo que esta vez el diablo no se le apareció directamente al compositor sino a su madre, para proponerle que a cambio de su alma su hijo sería el más famoso violinista de todos los tiempos, lo que al parecer aceptó ya que pocos violinistas han sido tan reconocidos a través de las fronteras y el tiempo como él, aunque también es cierto que pocos han sido tan virtuosos. Incluso La gazzeta piamontese lo describió así: “Tiene algo de diabólico, una habilidad casi sobrenatural. Muy a menudo su violín ya no es un violín. Es una flauta, es la limpísima voz de un canario bien amaestrado; supera las más incomprensibles dificultades con una facilidad indecible”

Sin embargo, la relación del diablo y la música es mucho más antigua que Tartini o Paganini, pues tiene su origen en el libro de Ezequiel 28:13 en el que, al referirse a Satanás, se lee “En Edén, en el huerto de Dios estuviste…  los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios… hasta que se halló en ti maldad.” La mayoría de los teóricos están convencidos que esto significaba no solo que el diablo fue creado a partir de la música, sino que era el querubín encargado de dirigir las alabanzas a Dios al referirse a los instrumentos en plural y no en singular.

Por si fuera poco, además de estas leyendas tenemos también el término “Diabolus in música” que fue popularizado desde el año novecientos hasta mucho después de la Edad Media y que se refería a una secuencia de sonidos especifica llamada tritono, en el que se genera una tensión especial que según las creencias de la época tenía el poder de invocar al Diablo. El ejemplo más próximo de una progresión de acordes basada en el tritono es la canción “Black Sabbath” de la banda homónima y que abrió una nueva era para el metal. De ahí la expresión de nuestras abuelitas de que “el metal es la música del diablo”.

Tampoco quería dejar de mencionar a Robert Johnson y su pacto en el cruce de caminos o a Peteco Carabajal y el suyo en la Salamanca que además ameritarían su propia columna. Sin embargo, más allá del marketing que genera el solo mencionar estos pactos sería menester emplear el criterio para discernir si esto es posible o son simples leyendas.

Jaher

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