El arte de las musas (parte II)

En 1727 Bach escribe “La pasión según San Mateo”, el cual, según el compositor inglés Hubert Parry, es: “el más rico y noble ejemplo de la historia de la música sacra”. Sin embargo para ese tiempo la música y su relación con Dios, ya había recorrido un largo camino. Incluso el nombre de las siete notas musicales (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si), fueron extraídos de las sílabas iniciales del Himno a San Juan llamado Ut queant laxis que dice:

Ut queant laxis,

Re sonare fibris

Mira gestorum

Famuli torum

Solve polluti

Labii reatum

Sancte Iohannes

 

Eventualmente se dieron cuenta que no era nada fácil cantar la silaba “Ut” por lo que la cambiaron por “Do” de “domine, señor” y bueno, la séptima nota“SI” se forma de las dos iniciales de las últimas palabras.Sin embargo, la idea de comunicarse con Dios por medio de la música no fue ni es exclusiva de los cristianos, ni siquiera del mundo occidental.

Por alguna razón, todas las civilizaciones, incluso las más antiguas, han considerado que una de las formas más efectivas de acercarse a Dios es por medio de la música. De esta forma encontramos que desde las tribus africanas hasta los pueblos indígenas americanos basaban sus rituales en ritmos uniformes, acompañados de rudimentarios instrumentos que imitaran ya sea el canto de los pájaros o algún animal mitológico. Algo así como un rave electrónico, pero en tapa rabos.

Por otro lado, también los asiáticos han buscado ese puente con las deidades por medio de la música, aunque en este caso utilizada de una forma mucho más relajante, hecha en su mayoría con campanas y sonidos armónicos, o con cantos litúrgicos cuyo propósito era alcanzar la iluminación.

En cuanto a la música sagrada hindú, encontramos que es una larga improvisación que se despliega mediante una sola línea melódica, cuyo instrumento principal es el Sitar, que a su vez es acompañado por tamboriles a un ritmo casi hipnótico y cuyo tema principal es dado por los mantras que son oraciones escritas en sanscrito (lengua sagrada hindú y budista) que no tienen un contenido semántico especifico pero que según la tradición ayudan, a calmar la mente, alcanzar la paz, etc., dependiendo del mantra que se repita.

Así que, como ven, hoy en día es difícil imaginarse algún ritual, liturgia, misa o expresión sagrada que no sea acompañada de música, pero, así como existe la música de Dios ¿También existe la del Diablo? De ello hablaremos la próxima semana.

 

Jaher

3 comments

  1. Gracias por ese aporte cultural. Sin haber leído la primera parte he enriquecido mis conocimientos. Gracias.

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