“Disculpe las molestias, nos están matando”

La misma semana en que más de 60 mil mujeres pidieron justicia, hay siete mujeres muertas víctimas de femicidios. Un encuentro histórico en Rosario, que dejó enseñanzas enormes y que choca de lleno con la realidad cotidiana. El miércoles, se concretará por primera vez en Argentina un paro nacional de mujeres.

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Rosario se despertó distinta ese sábado. Las mujeres llegaban caminando, marchando, en colectivo, de a miles. El legendario Monumento a la Bandera se llenaba de cantos, de consignas, de aplausos, de abrazos. Empezó el acto y muchas seguían llegando. Caminábamos entre todas esas mujeres, entre una murga que en sus cuplés daba nombres, nombres de aquellas que no están, víctimas de las más aberrantes formas de sometimiento.

Seguían llegando. Con todos los acentos, de todas las clases sociales, de partidos políticos, de sindicatos, de pueblos originarios, campesinas, lesbianas, trans, familiares de víctimas de femicidios, jóvenes, adolescentes, adultas, ambientalistas, estudiantes, trabajadoras, desocupadas, marxistas, peronistas, radicales, anarquistas. Todas juntas.

Un escalofrío y una lágrima que sale sin poder controlar, que intento disimular, y que, sin saber porqué,  me avergüenza.

  • Me emocioné –              Se anima alguna a vociferar.
  • ¡Yo también! qué bueno, creí que era de boluda que soy. –

Nos reímos, y no hizo falta explicar demasiado. En ese momento entendimos que las reglas eran otras. La emoción, ese sentimiento tan asociado a lo femenino y relegado tantas veces a ser un simple acto de debilidad, en ese instante se convertía en liberación, amor, orgullo.

***

El debate es horizontal, todas participamos, no se vota, la idea es llegar a un consenso. Se repetía. Cuando nunca estuviste ahí son frases trilladas. Nunca imaginé, hasta ese momento, a qué se referían con ese clima tan especial de debate e intercambio. Iban llegando todas a los talleres. En escuelas, en facultades, en centros culturales, decenas de lugares con cientos de aulas dispuestas para este fin.

Cual principiantes, no sabíamos bien de qué se trataba. “Mujeres, poder y política” era el elegido. Llegamos al piso indicado de la Facultad de Humanidades. Cartel en la puerta: taller completo. Por una ventana se veía un aula pequeña, con cerca de cuarenta mujeres abarrotadas, sentadas en sillas, bancos y piso, que ya habían largado con la presentación.

  • No puede ser, un lugar tan chico para un taller tan masivo –
  • Chicas – una voz que nos escuchó sin querer – las comisiones dentro de los talleres se van abriendo a medida que se llenan. En las otras aulas ya hay gente que se junta por el mismo taller.

Comisión dos, cuatro, ocho, diez. Ahí había lugar. En la diez. Diez comisiones de un solo taller. Sesenta y nueve talleres, con diez comisiones cada uno, como mínimo, de cuarenta mujeres cada una, como mínimo. Sacábamos cuentas, aún no dimensionábamos la magnitud.

La coordinadora se presenta, no hay demasiada exposición, se abre el debate, se disparan temas, nos vamos por las ramas, volvemos, discutimos, nos enfrentamos, con respeto pide alguna. Nadie levanta la voz, alguna que en un exabrupto termina por interrumpir a otra pide perdón, alguna cada tanto se enoja, nadie se para, nadie se va, nadie se insulta. Nadie compite por quien se lleva los aplausos.

  • Rescatemos esto –  se escucha por ahí,  – estas formas de debate que tienen que ver tanto con otra lógica, con una femenina.-

***

De camino a la gran movilización vemos miles y miles caminado, con banderas, con pancartas, con mate, familias enteras. Varones de las organizaciones políticas acomodando los instrumentos para esperar a sus compañeras con la columna organizada una vez que terminen los talleres.

Cuarenta y dos cuadras de gente amontonada. “No están perdidas, no están perdidas, son desaparecidas para ser prostituidas”, era uno de los canticos que causaban piel de gallina. Gente que mira sorprendida, otros que aplauden de los balcones, los curiosos que salen a mirar desde el lugar de trabajo. “Mujer que escucha, únete a la lucha” es una de las consignas. Una señora mayor se emociona hasta las lágrimas mirando desde su ventana y hace señas de que no puede bajar por dolor de rodillas. Cuántas como ella, pienso.

Vamos llegando, luego de casi dos horas de marchar por toda la ciudad. En el Monumento a la Bandera nuevamente, allí ya esperan varios colectivos para quienes vuelven a sus ciudades esa misma noche.

Nos reciben fuegos artificiales. Varios minutos después, se escuchan los disparos, que se confunden con el sonido de algún elemento de pirotecnia. Llega el primer llamado para preguntar si estamos bien. “Acá los medios dicen que están reprimiendo”, nos dicen a 1200 kilómetros. Sí, reprimieron, muchas no pudieron terminar el recorrido de la marcha. Ahora, los medios, hablarían de esto el resto de la semana, qué lástima. Lo más importante de lo que sucedió ahí no sería transmitido, quedará para nosotras, para esas 70 mil, y para las que se vayan sumando en el camino que resta.

***

Volvemos a casa, al trabajo, a la rutina…sí, a la rutina

 

LUCÍA PÉREZ MONTERO

BEATRÍZ VALENCIA PARRA

NATALIA PADILLA

MARCELA CERLZ

MARILYN MÉNDEZ

SAMANTHA YORG

MARÍA ELISA ACUÑA

 

Todas ellas estaban vivas hace una semana cuando más de 70 mil mujeres pedían justicia. Podrían haber estado ahí, tal vez lo vieron en la tele, con sus familias, papás, hermanos, tíos. Y nunca se imaginaron que les tocaría. Hoy no están. Todas víctimas de femicidios. Vale aclarar, femicidio es el crimen perpetrado hacia la vida de una mujer por el hecho de ser mujer.

 

Este miércoles 19 de octubre Argentina tendrá el primer paro de mujeres de la historia del país bajo la consigna “Disculpen las molestias, nos están matando”.

 

Por María Paz Colobig

pazcolobig@manoamanonoticias.com.ar

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