Día de Muertos en México

El mundo actual funciona como si la muerte no existiera, los productos milagro nos ofrecen salud instantánea al alcance de todos los bolsillos, la sola mención del inevitable final es síntoma de mal augurio o melancolía. En cambio, en México se comen cráneos de azúcar con nuestro nombre en la frente, pan de azúcar en forma de huesos, calaveritas de chocolate o caramelo que son un dulce recordatorio de nuestro destino. Adornamos nuestras casas con esqueletos de cartón y papel recortado. Se cantan canciones, poemas y chascarrillos en donde la flaca ríe burlonamente o llora apesadumbrada.

Sin embargo, esta familiaridad con la muerte no es nueva, ni mucho menos traída por los españoles. El ritual del Día de Muertos se celebraba por la mayoría de los pueblos originarios de México, entre ellos, los mexicas, los mayas, los purépechas y los totonacas. Para ellos, la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. Además, la muerte no tenía un sentido moral por lo que no había un cielo o un infierno y el destino al morir dependía de la forma en que se abandonara el mundo. Así, en esta fecha no importa donde estuviera el espíritu de nuestros antepasados y seres queridos todos regresaban de su descanso para compartir con nosotros una ofrenda preparada especialmente para ellos.

La ofrenda se hace en forma de altar y se llena con todo lo que en vida disfrutaba nuestro invitado, fruta, dulces, platillos típicos, juguetes para los niños, barajas, cigarrillos, tequila o cerveza (¿qué clase de persona era esa?). Y aunque a la iglesia católica en sus inicios no le gustó este tipo de rituales por considerarlos paganos, hoy en día ponen altares a los obispos que han fallecido (aunque no encontré un documento oficial sobre la postura del Vaticano).

En cuanto a la cultura popular, el Día de Muertos tiene su principal exponente en “La catrina”, pintada por primera vez por Guadalupe Posada alrededor de 1910. Es una muerte ataviada con un elegante atuendo estilo francés (high fashion) y, aunque fue bautizada por Diego Rivera mientras pintaba su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, el término “Catrina” o “catrín” (para referirse a alguien muy elegante) se impuso durante la segunda ocupación francesa en México (1862-1867) en el que la clase política mexicana pretendía emular a la aristocracia francesa o española y como la mayoría de las mujeres se llamaban “Catherine” y les ponían el mismo nombre a sus hijas y como siempre pasa en el teléfono descompuesto se “mexicanizó” el termino y pasó de ser un sustantivo a un adjetivo, es decir que dejó de ser un elegante nombre francés a un apodo mexicano. ¡Válgame Dios!

Asimismo, el dibujo es una sátira; las personas que pretenden aparentar ser de la clase alta de las que se dice “en los huesos, pero con sombrero francés y con sus plumas de avestruz”. Y también funciona como recordatorio de que no importa como vistas al final todos terminamos en los huesos.

 

Jaher

Un comentario sobre “Día de Muertos en México

  • el 2 noviembre, 2016 a las 9:34 pm
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    Muy interesante artículo. Pues da a conocer una costumbre que no es habitual entre nosotros. Escrito de una manera muy amena y fácil de comprender. Realmente merece gran elogio de mi parte.

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