El derecho a la inmigración en el capitalismo aporofóbico

*Por Valentín Steimbreger

En el mundo paralelo de las buenas intenciones de varias instituciones supranacionales se sostiene la idea de la migración como derecho humano fundamental, es decir, el hecho de trasladarse de un lugar a otro del planeta en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, lo que acontece en los Estados Unidos de Donald Trump, en el mediterráneo, o en los países limítrofes con Venezuela, demuestran que la libertad de circulación es cada vez mayor para los capitales y menor para las personas (pobres).

Desde el comienzo de su mandato Donald Trump ha implementado políticas restrictivas a la “inmigración indeseable”, según sus propias palabras. A la sola promesa de campaña, pero aún no concretada, de levantar un muro en la frontera con México como resolución al problema de los indocumentados, sumado al decreto avalado por la propia Corte Suprema que prohíbe el ingreso de los “extranjeros que no tengan ninguna relación genuina con una persona o una entidad de Estados Unidos”, se ha sumado este último tiempo, el triste espectáculo de la separación de familias. Decisión esta última, que finalmente tuvo que rever y a través de un decreto dar marcha atrás.

Las imágenes de aluviones de pobres humanos intentando llegar a las costas europeas en sus “pateras” y su intercepción por parte de las guardias costeras, han inundado este último tiempo los noticieros. Son los nuevos cruzados que vuelven escapando del despojo producto del sistema colonial viejo y moderno pero que también ha abierto pujas dentro de la Unión Europea donde los países más afectados por este fenómeno como Italia y España, buscan el apoyo de los países miembros para redistribuir y reubicar a estos indeseables acumulados de a montones en campos de refugiados o en todo caso devueltos a su miseria, a sus países. Sin más, esta semana España devolvió a 116 migrantes a Marruecos.

Sin obviar el claro papel de Estados Unidos y aliados predilectos como Colombia en la crisis estructural que vive Venezuela, lo cierto es que la misma se ha convertido también, e inevitablemente, en una crisis migratoria que afecta a los países latinoamericanos en general y que ahora, gobernados por la tendencia neoconservadora, ante este problemática han avanzado en una berrera legal con el pedido de pasaporte a los Venezolanos. Es el caso del Ecuador de Lenin Moreno (que dicho sea de paso, acaba de anunciar que abandona el ALBA) y el Perú de Martín Vizcarra (que junto a los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay se retirara de la UNASUR decretando su ocaso). Mientras la ONU pide apoyo para los refugiados venezolanos, esta semana  la cara más cruda de este fenómeno ocurrió en Brasil al producirse un ataque aporofóbico a un campamento de refugiados de la nación caribeña.

Así, podemos inferir que el sistema capitalista globalizado brindará cada vez más facilidades para la circulación de capitales de un país a otro, mientras levantará muros a personas empobrecidas, que no son otra cosa que sus propias víctimas, potenciando discursos de odio en pos de la concentración obscena de la riqueza donde el 1% posee más de la mitad de la fortuna apátrida mundial.

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