Crónica de una muerte anunciada

Por Javier Espinoza

Han pasado sólo algunas horas de la derrota de la Selección Argentina de Fútbol a manos de su par francés en la Copa del Mundo Rusia 2018. Por ende, desde lo emocional no es una tarea fácil hablar al respecto aunque haré el intento.

Asimismo, las causales que llevaron a este presente de la Selección son variadas, cuyas responsabilidades en muchos casos exceden a las posibilidades de los diferentes jugadores que tuvieron paso por el plantel, los cuales también tienen su parte en esta actualidad.

En mi opinión, los dirigentes del fútbol argentino tienen la mayor cuota de responsabilidad en esta nueva caída de la Selección, derrota que evidencia aún más que (si bien es posible ganar algún torneo basándose en la calidad individual de los jugadores) los éxitos deportivos son en el fondo consecuencia de una gestión responsable a nivel dirigencial en la Asociación del Fútbol Argentino. En tal sentido, el descalabro organizativo de la AFA brindó una lamentablemente numerosa serie de ocasiones donde se mostró una larga seguidilla de errores que llevan inevitablemente a este doloroso presente. Quienes ocupan los lugares de mayor relevancia, pasan el tiempo tratando de imponer su criterio en un ambiente donde las intrigas palaciegas predominan por sobre la necesaria e indispensable responsabilidad en la administración de la entidad rectora del fútbol argentino.

La figura de Julio Grondona y el famoso “Todo Pasa” quedó claramente demostrada a fines del 2015, cuando se frustró una elección porque en el recuento de votos el escrutinio salió 38-38 siendo que el total de votantes en aquella Asamblea era de 75. En aquella oportunidad la AFA fue noticia por el histórico papelón que representaron quienes fueron parte de un acto eleccionario viciado de nulidad desde un principio. Y no todo termina allí: analizar concienzudamente la trastienda de la AFA para poner en evidencia todas las cosas que se hacen mal llevaría años de investigación y un compromiso real para resolverlas para todos los involucrados.

Recordemos además, que a diferencia de otras Federaciones, la mayoría de los clubes del fútbol argentino no tienen el compromiso de tirar todos juntos para un mismo lado cuando se trata de ceder jugadores para la Selección en sus distintas categorías. José Néstor Pekerman fue el responsable del ciclo más prolífico de las Selecciones Juveniles de Argentina, al ser él protagonista determinante de 3 títulos mundiales como DT en la categoría Sub 20. Pekerman llegó en su momento con un proyecto que, a las vistas del tiempo, confirmó que su elección a cargo de las Selecciones Juveniles fue acertada. Y bien temprano llegó a mencionar que paulatinamente se complicaba presentar equipos competitivos, al afirmar que ello se debía a las dificultades que provocaba no contar con los jugadores requeridos en tiempo y forma. De esa exitosa realidad a la que tuvo de vivir la Selección Argentina que fue a competir a los Juegos Olímpicos de Río 2016 pasó mucho tiempo, agravándose cada día más las dificultades con las que debían lidiar quienes trabajaban en el día a día del combinado nacional: a falta de menos de dos meses para el comienzo de la competencia, renunció el Cuerpo Técnico que encabezaba Gerardo Martino, claudicando ante una larga serie de obstáculos: casi un año de sueldos impagos para él y su equipo, empleados del Predio de Ezeiza que también llevaban varios meses sin cobrar, actitud abiertamente hostil por parte de los principales clubes a la hora de ceder los jugadores, y un largo etcétera. En medio de esa vorágine se convocó a Julio Olarticoechea para conducir a la Selección en Río 2016, y la realidad siguió siendo la misma: a falta de menos de dos semanas para comenzar el torneo olímpico, Argentina no era capaz de tener el plantel completo en Ezeiza entrenando y (quizá a estas alturas sea anecdótico pero créanlo porque pasó) también se carecía en el predio de las pelotas que se utilizarían en el evento; inconveniente que fue subsanado por algunos jugadores que llevaban algunas desde los clubes, algunos de los cuales sí contaban con tal elemento. Frente a una realidad tan difícil, es importante tener las cosas en claro y absolver a los jugadores de tamaña serie de errores, ya que sus responsabilidades son dentro del campo de juego y no en las tareas de gestión que incidirán el fracaso o el éxito del fútbol argentino.

Uno de nuestros rivales clásicos en los Mundiales es Alemania. Por fuera de la historia existente entre ellos y Argentina en los Mundiales, hay un ejemplo que creo digno de imitar: la Deutsches Fussball Bund (DFB: Federación de Fútbol Alemana) ha logrado constituirse en paradigma de organización: su actual DT (a quien aparentemente también se le habría terminado el ciclo) fue Ayudante de Campo en el Mundial que ellos mismos organizaron en el 2006, asumiendo la conducción de la Selección Mayor Alemana con posterioridad a dicho torneo. Se presentó un proyecto y los principales clubes asumieron el compromiso colectivo de trabajar en apoyo a la Selección cediendo los jugadores que sean requeridos y tomando otras medidas que ayudan mucho a la hora de prepararse para una competición: organizando el calendario deportivo considerando también las necesidades de la Selección en sus diversas categorías, permitiendo el trabajo de los ojeadores de la “mannschaft” en sus divisiones formativas, entre tantas otras cosas. Como consecuencia de ello, se dio que en los últimos 3 Mundiales (2010, 2014 y 2018) se vio en la Selección Mayor jugadores que estaban allí como consecuencia de sus méritos deportivos personales, pero también debido al trabajo de las divisiones formativas de la DFB. Entonces, que Alemania sea siempre considerada un rival de fuste en cada competencia se debe en buena parte al compromiso colectivo, a entender que todos deben tirar para un mismo lado y que los intereses de la nacion deben  predominar por sobre los particulares de los clubes.

Creo necesario también mencionar a Messi. No caben dudas que Lionel ya hizo sobrados méritos para quedar en la historia del fútbol como uno de los mejores jugadores del planeta, distinción que lo coloca en el Olimpo del Fútbol junto a Maradona, Pelé, Cruyff y Di Stéfano. Pertinente es recordar que, pudiendo optar por representar a su país adoptivo, Messi eligió jugar para Argentina y ello en sí mismo es una clara y conmovedora manifestación de pertenencia al lugar que lo vio nacer. Llegados a este punto, es importante decir que en ningún momento cuestiono la entrega de Messi, ya que desde un principio eligió vestir nuestra camiseta y lo hizo aún pese a que las críticas que recibe en su país son a veces despiadadas. Desde ese lugar, el agradecimiento del pueblo futbolero argentino para con él debe ser eterno. Lo único que quizá no lo favorezca y al mismo tiempo me parece necesario expresar, es que es evidente que no ha podido representar el papel de líder que sí supo desempeñar Maradona en Mundiales y en momentos críticos para la Selección. Es claro que para él esa responsabilidad fue demasiada y no la pudo soportar. Su actitud en los partidos frente a Islandia primero y Croacia después, evidenciaron que su actualidad estaba muy lejos que lo que él mismo y el mundo esperaban de él. Al mismo tiempo, quizá los argentinos en general y quienes debían tratar con él en particular no supimos valorarlo como se merecía. Pero simultáneamente creo que es fundamental no firmarle un cheque en blanco a ningún ídolo:  es necesario rodear a nuestras figuras con jugadores que potencien su rendimiento, aunque también el DT y su entorno debieran tener las espaldas suficientes para lograr que se entienda que el éxito colectivo sólo llegará después que las preferencias personales queden de lado.

En cuanto a la generación de jugadores “históricos”, es evidente que en este Mundial varios terminaron su ciclo: Mascherano, Biglia, Di María, Higuaín, Agüero, Banega y Romero. No caben dudas de su talento y la campaña que ha tenido cada uno de ellos en sus respectivos clubes amerita a pensar en que sus convocatorias a la selección fueron acertadas. Por otra parte, desde hace varios años deben lidiar con la pesada carga que sobre sus espaldas cayó, atribuyéndoseles la responsabilidad por las finales perdidas. Pese a todo y a las encarnizadas críticas que sobre ellos recayeron (magnificadas por el tremendo poder que ahora tienen las redes sociales), siguieron viniendo una y otra vez, actitud que debe ser reconocida. Empero, también es necesario mencionar que había otros jugadores que por presente estaban al menos en igualdad de condiciones para ser convocados si de méritos deportivos se trata: (Dybala, Icardi, Centurión, Ascacíbar, Kranevitter, etc), lo cual me lleva a pensar que la “historia” que cada jugador tenga en la Selección no es un argumento lo suficientemente sólido en sí mismo como para tomarlo como único parámetro que justifique su presencia en el equipo.

Mención aparte merece la conducta que el periodismo deportivo argentino tuvo para con la selección antes, durante y después de la competencia. En este Mundial hubo muchas expresiones que me llevaron a pensar que buena parte de este colectivo parecía disfrutar exhibiendo miserias muchas veces incomprobables, las cuales no hicieron otra cosa que ahondar la crisis que tiene la Selección, circunstancia en la cual nuevamente las redes sociales tuvieron un rol protagónico y al mismo tiempo destructivo. Me gustaría decirle al periodismo deportivo argentino que con el mismo énfasis que se les pide a los jugadores “dejar todo en la cancha y poner todo lo que haya que poner”, a la hora de realizar su trabajo sean más prudentes antes de echar a correr rumores no comprobados y que, independientemente de si son ciertos o no, su difusión masiva sería perjudicial para los intereses del equipo argentino que es o debiera ser considerado “el equipo de todos”.  Buena parte de los programas deportivos argentinos en este Mundial más bien se parecieron a la grilla que se ocupa de los chimentos de la farándula en vez de hablar de lo que supuestamente saben, y en ocasiones brindaron espectáculos francamente lamentables como el “Minuto de Silencio” protagonizado por periodistas de TyC Sports tras la caída con Croacia: Diego Díaz, Leonardo Farinella, Marcelo Palacios, Hugo Balassone, Flavio Azzaro, Gustavo Grabia y Guido Glait. No caben dudas que el desempeño del equipo estuvo muy lejos del esperado frente a su par balcánico, pero en esa y otras expresiones se vio lo peor del periodismo deportivo argentino, donde muchos hasta parecían regodearse con la triste realidad que nuestro combinado nacional representaba en Rusia.

Finalizo esta nota expresando mi sincero deseo que podamos aprender de situaciones como esta y que los responsables de tomar decisiones en el fútbol argentino tengan la amplitud de miradas y el criterio necesarios para realizar las acciones que nuevamente llevarán a nuestro fútbol a los primeros planos internacionales. Todo ello redundará en beneficio colectivo, entendiendo a la Selección Argentina en sus diversas categorías como “El equipo de todos”. ¡Vamos Argentina, carajo!

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