Colombia en su laberinto

El domingo, creo que gran parte del continente se encontraba atónito ante el triunfo del “NO” al acuerdo alcanzado entre el Gobierno y las FARC en un plebiscito. La convocatoria, que contó sólo con el 40% de participación del electorado, buscaba reafirmar los 120 puntos allí establecidos y de esta forma ponerle fin (en parte) a 50 años de conflicto armado. La pregunta que automáticamente se hacían los analistas era ¿y ahora qué?

Pasada ya casi una semana, el panorama parece estar en etapas de negociaciones entre el gobierno, las FARC y los victoriosos votantes del “NO” liderados por los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana. Es decir que tenemos tres actores en juego en un escenario en el que Juan Manuel Santos tendrá que demostrar su capacidad de articular estrategias para que un nuevo acuerdo (aunque el firmado siga aún vigente) sea aceptado por aquel 50.23% y asegurar de una vez la paz con la principal guerrilla del país.

Con este objetivo, Santos, con el apoyo de gremios económicos e iglesias católicas, se reunió en estos días con Uribe y Pastrana para acercar posiciones y poder reflotar un acuerdo que, desde ya, tendrá modificaciones. También extendió el alto al fuego hasta fines de octubre para reencausar las negociaciones.

Mientras tanto, la guerrilla anticipó que está dispuesta a llegar a un nuevo acuerdo, lo cual nos habla a las claras de que la misma no está ya en condiciones de montar el aparato militar que años anteriores sí tenía. A su vez, el gobierno, derrota política mediante, se ve con la obligación de hacer palpable la principal promesa con la cual Santos accedió a la presidencia: ponerle fin al conflicto armado.

También se dio que, como muestra de apoyo de la comunidad internacional al acuerdo que entro por ahora en un limbo, Santos fuera galardonado con el Nobel de la Paz por sus esfuerzos en terminar con parte del conflicto que desangra a Colombia hace ya medio siglo. De hecho, las FARC salieron a felicitarlo, también como reconocimiento a dicha tarea.

Esto último, nos demuestra que hay predisposición de negociación, eso está claro. Ahora, lo que quedaría por ver es qué rol cumple Uribe en este nuevo proceso, más aún sabiendo su negativa al acuerdo anterior, pero sobre todo en dos cuestiones centrales del mismo, como es la integración a la vida política de las FARC y a la llamada Justicia Transicional que no garantiza justicia a las víctimas del conflicto.

En sí, lo que podemos observar a simple vista es que se entró en un limbo en el proceso que busca paz y reconciliación, pero sin justicia. Esa es la cuestión y en el cual los sectores más reaccionarios hacen hincapié a la hora de plantear su rechazo a un posible acuerdo definitivo.

Estas características son, quizá, los costos de querer poner fin a una guerra en donde toda una sociedad fue y es víctima. Son los precios a pagar de una burguesía cavernícola.

 

Por Valentín Steimbreger

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