Caso Maldonado: el cuerpo y muchos interrogantes

En la tarde de ayer se confirmó lo que desde el martes era un secreto a voces: el cuerpo hallado en el río Chubut era el de Santiago Maldonado. Tras permanecer 78 días desaparecido luego de una represión de la Gendarmería al Pu Lof de Cushamen, la primera etapa de una trama por demás compleja y larga, tuvo su doloroso final.

 

El 1 de agosto de 2017, las fuerzas de la Gendarmería ingresaron de manera ilegal a las tierras ocupadas y reprimieron a la comunidad mapuche y a quienes, solidarizándose con ella, participaban de la misma.

Santiago Maldonado desapareció ese mismo día durante la avanzada de las fuerzas del Estado. A partir de allí, se inició, por un lado, un camino de reclamos y dolor, y, por otro, uno de complicidad y encubrimiento. 78 días de exigencia de aparición con vida por parte de la familia, los organismos de Derechos Humanos, la comunidad movilizada, organizada políticamente o no. 78 días de pistas falsas, negacionismo oficial y encubrimiento mediático.

Parecía que la sociedad argentina se había olvidado de lo que era un desaparecido político en democracia. Porque eso fue Santiago durante este tiempo. Un desaparecido en democracia por entera responsabilidad del Estado y su brazo político, el gobierno nacional. Una represión ilegal y una persona que no está más.

No obstante este contexto, el poder real hizo gala de la desinformación continua para protegerse. Cerró filas el poder ejecutivo, su gabinete, sus figuras políticas y unos medios de comunicación que deben replantearse mucho más que su oficio periodístico.

Un pueblo en el que todos eran como Maldonado; una filmación de una cámara de seguridad de un local en el que compraba; una huída hacia Chile. Un presidente cuya única declaración al respecto fue un “estamos trabajando” a la salida de un ascensor; una ministra de Seguridad que aseguró que no iba a tirar por la ventana a ningún gendarme mientras sostenía que su jefe de gabinete pasaba de casualidad por Cushamen y por eso paró a saludar. Sí, Pablo Noceti, ese mismo que, días antes, había juntado a los funcionarios de seguridad provinciales para darles la orden de detener a todo aquel que reivindicara la causa mapuche. El mismo Noceti que defiende la última dictadura cívico-militar. La desaparición de Santiago no fue casualidad.

Santiago Maldonado está muerto. Según las primeras declaraciones del juez Lleral a cargo de la causa, su cuerpo no presenta golpes. De aquí en más, se abre otra etapa de esta trama. ¿Qué pasó en estos 78 días con Santiago?, ¿por qué esa zona rastrillada tres veces no había dado resultados positivos?, ¿por qué Pablo Noceti avisó con anticipación a la Gendarmería de que sus móviles iban a ser peritados?, ¿hacia dónde fue esa camioneta con un bulto negro a recorrer 400 kilómetros que no fueron explicados en el informe de los gendarmes?, ¿y la ambulancia que participó del operativo y nadie peritó?, ¿por qué si el gobierno tenía certezas, a través de fotografías, de la presencia de Maldonado en la comunidad el día de la represión se encargó de difundir lo opuesto?, ¿cómo puede ser que Elisa Carrió siga hablando con tanta impunidad y causando tanto dolor a través de sus mentiras?

Estas y otras tantas preguntas siguen dando vueltas. La justicia debe darle respuestas a toda la sociedad argentina y dejar en claro que en este país nadie puede morir defendiendo una causa que considera justa por el accionar del Estado. Los medios de comunicación tienen que cumplir su rol a partir de hechos reales y no operando para desinformar y encubrir, construyendo enemigos al estereotipar a todo aquel que piense distinto a lo que el poder requiere. El gobierno nacional, por su parte, debe garantizar la libertad de expresión, de movilización, de luchar por un país más justo aunque esté en las antípodas de su proyecto. Y también le corresponde pedir la renuncia a Patricia Bullrich y a Pablo Noceti.

 

Por Emilio Cortese

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *