Carta abierta Fiesta de la Confluencia

Como artista quiero dar a conocer mi punto de vista respecto de la Fiesta de la Confluencia, fiesta que más que hacer confluir amontona  una gran cantidad de dinero pagado a bandas “nacionales”, sumado al dinero por el alquiler de stands, y una gran cantidad de público atraída por la gratuidad de la entrada y la convocatoria de las bandas.

Es enriquecedor que haya fiestas populares y es lindo poder ver gratis a artistas que el público admira. Lo criticable no es la feria en sí, sino que la política del municipio en material cultural se reduzca a ocasionales eventos de los cuales la comunidad neuquina sólo participa en calidad de espectadora. Es inobjetable la calidad artística de la mayoría de los y las artistas que se presentan, super-mega bandas, los archi conocidos artistas. Lo que se critica es el concepto de cultura que establece que haciendo la Fiesta de la Confluencia, la Feria del Libro y el Neuquén Cultural una vez por año el municipio cumple con la “cuota” de cultura que el pueblo de Neuquén merece y debe tener. Lo que se critica, por un lado, es que se toma a los y las habitantes  de Neuquén como espectadores/as de un show que otros dan, y no como potenciales creadores/as de arte. Y que esta conceptualización del rol de la sociedad respecto del arte delata la intención de tener una sociedad quieta, que sólo escuche o vea, pero que no haga, una sociedad que no invente, una sociedad sin ideas; en lugar de la sociedad que todo arte propicia: una sociedad crítica, movediza, que se saca los moldes del cuerpo y del cerebro  para crear.

Por otro lado, es denigrante que no se reconozca a los y las artistas locales y regionales, que no se les pague lo que corresponde por su trabajo y no que se facilite su acercamiento a un público que no los aclama porque los desconoce y no por una supuesta baja calidad en sus producciones. Si el público neuquino pudiera escuchar y ver a las bandas, a los músicos y las músicas de la ciudad con la misma facilidad con que accede a estas fiestas, nuestros/as artistas serían notablemente reconocidos por ese público.

En relación a esto último existe, además, el agravante de que a éstos/as se les llama a competir  para tener acceso al escenario de la fiesta, desvirtuando la práctica artística en sí, que dista mucho de ceñirse a los valores economicistas y resultadistas que propugna la intendencia de Neuquén en todos los ámbitos.

En forma personal hago un llamado al intendente Horacio Quiroga y al secretario de Cultura y Turismo, Andrés Ros, para que comiencen a conocer a los y las artistas de la llamada “ciudad creativa” de Neuquén, artistas que trabajan y producen a pesar del Estado municipal, y no bajo su fomento o con su auspicio.

Sostengo que ni Quiroga ni Ros podrían contestar a preguntas simples referidas al arte y la cultura local, aunque se llenen la boca con palabras endulzadas respecto de los y las artistas que participan de las pocas actividades que organizan y de su propia labor en materia cultural. Desafío a Quiroga y a Ros a que nombren cinco escritores/as que hayan publicado su primer libro en los últimos dos años; o a que nombren cinco bandas de música folclórica que hayan grabado discos en igual período; o a que mencionen quién escribió la primera obra de teatro de Neuquén o cuál fue la primera en estrenarse; o que mencionen cuántas compañías de acrobacia y circo hay en la ciudad; o etc.

Lamento la falta de comunicación real entre artistas y Estado, me opongo a la lógica del “tira y afloje” para participar de actividades y a la participación acrítica de artistas, muchas veces “sugerida”, en ciclos que el Estado  dice “ofrecer” para difundir al o a la artista, cuando en realidad somos un mero relleno de programaciones por las cuales el municipio ni siquiera paga los derechos de autor o Sadaic que nuestra presencia establece.

Denuncio una falta de política pública en cultura que respete los derechos de los y las artistas, que respete y fomente la potencial creatividad que yace en cada habitante de esta ciudad. Exijo, como ciudadano y como artista, que el Estado municipal cumpla con su rol social, que no es el de convertirse en un virtual manager de shows, sino el de fomentar en cada barrio, en cada cuadra de la ciudad el desarrollo de cada niño, de cada niña, de cada joven, de cada adulto y adulta que tenga la iniciativa y el impulso de manifestarse artísticamente.

Basta de invitar a la sobrina del tal funcionario para que baile en una inauguración, basta de no pagar más que con una palmada en la espalda y un “gracias” al hip-hopero que canta en una plaza. El estado tiene la obligación de crear las condiciones para que la ciudadanía se desarrolle, el Estado debe pagar a los y las artistas cuando los y las contrata para una actividad. Pagarle a una banda de otro lado un millón y medio de pesos es una falta de respeto habiendo tanto por hacer por la gente de Neuquén.

 

Hernán Riveiro
escritor neuquino

 

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