Cannabis: un debate, muchos huecos

Mucha tela para cortar hay todavía en nuestro país en relación al cannabis, sus usos, la legalización y la despenalización. Diferentes organizaciones no gubernamentales y asociaciones de personas defienden y argumentan sobre las propiedades medicinales de la planta y reclaman el derecho a la utilización de la marihuana para estos fines. Demandan la posibilidad de cultivar sus plantas. Han generado redes de cultivadores para contar siempre con aceite. Todas estas personas hoy están a merced de la justicia ya que están cometiendo un delito. Entonces, se vuelve prioritario atender estos llamamientos como sociedad porque de diferentes formas y desde distintos lugares, el tema nos atraviesa. Y porque es un reclamo que también interpela al Estado no sólo en materia legislativa sino sobre sus responsabilidades en materia de salud pública.

La utilización del cannabis en forma medicinal ha tomado estado parlamentario a nivel nacional desde hace algunos años ya. Incluso en algunas provincias de nuestro país se ha avanzado mucho en el debate. Sin ir más lejos en nuestra provincia se aprobó el año pasado el uso medicinal del aceite de cannabis para determinadas enfermedades con atención del sistema de salud público. Como sociedad, urge apropiarnos de un tema por demás controversial, que despierta rechazos, inquietudes; que carga con prejuicio y mucho desconocimiento. Y que nos pone de cara con una realidad concreta que nos muestra que la diversidad en el consumo de marihuana es una realidad de la que participamos de alguna manera.

Correr el centro de discusión del cannabis como estupefaciente y considerarlo una medicina es el paso inicial para comprender el fondo de este reclamo social. Existen pruebas contundentes de la mejoría que han logrado muchos pacientes con variedad de enfermedades y de diferentes edades. Hay que poner el foco en el dolor. El dolor del otrx. Compadecerse, en el sentido más estricto de la palabra, con el sufrimiento ajeno. Y dejar de asociar el consumo solamente con el uso “recreativo” (que – por otro lado – es una libertad individual contemplada en el artículo 19 de la Constitución Nacional, que reconoce los derechos sobre nuestro cuerpo. Pero de eso lo dejaré en suspenso por ahora…). No es lo mismo el consumo que la adicción. La utilización del aceite de cannabis para paliar los efectos de algunas enfermedades se realiza en dosis pequeñas, una o dos gotas por día. No posee efectos secundarios reconocidos hasta ahora. No genera hábito ni conductas peligrosas. No exige tampoco dejar de consumir las medicinas “legales” recetadas.

Además tenemos la cuestión de la despenalización y la legalización. Palabras que suelen utilizarse, de manera errónea, en forma indistinta. Despenalizar implica suprimir el carácter penal de un acto que se considera ilegal. Dejar de tipificar esa conducta como delito y que no sea sancionada con pena de cárcel. La legalización es el acto por el cual esa conducta se vuelve legal o aceptada dentro de la jurisprudencia de determinada región dejando así de ser ilegal y va de la mano de alguna norma que regule tal conducta. Sin duda que, en relación al cultivo de marihuana, es la legalización el camino para garantizar los derechos de lxs que han decidido cultivar ya que, en cualquier sociedad con un estado de derecho, el establecimiento de leyes garantiza y resguarda los derechos de sus ciudadanos.

Como dije al principio, hay mucha tela para cortar en relación a la generosa planta. Pero como sociedad, como ciudadanos tenemos que observar que se ha vuelto prioritario la discusión social de una nueva ley para nuestro país que abarque la extensa problemática del cannabis, sus usos y su estatus de planta medicinal porque la Ley Federal de estupefacientes 23 737 no abastece ya las aristas que el tema y el debate han recorrido en estas casi tres décadas que han pasado desde que fue promulgada.

Por Mariana Aguilar

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