Barrera Sanitaria

Por Augusto Perez Lindo*

El asado que no comemos puede viajar sanito a Europa

 Los avances realizados en materia de control de precios de los diversos productos de la canasta familiar están, en la mayoría de los casos, acotados a las estructuras oligopólicas de la oferta. Esta particularidad está dada en toda la cadena de comercialización de los productos de primera necesidad y no es exclusiva de la Argentina, en el caso de Venezuela, por ejemplo donde se importan la mayoría de los bienes de consumo, la introducción de alimentos a ese país está concentrada en cinco empresas.

Desde hace varios años sabemos que algunos productos agropecuarios están sujetos a regulaciones sanitarias que exceden el marco productivo y comercial. Este es el caso -en nuestra Patagonia- de la carne, tomates, cítricos, pimientos, entre otros. Esto implica que en resguardo de la zona de producción en este caso Patagonia y en su calidad de ser zona protegida de muchas plagas se imponen barreras sanitarias para el ingreso de algunos productos. Al mismo tiempo se crean condiciones y estatus sanitario para las producciones locales que posibilitan a una región marginada y de escaso desarrollo agropecuario posicionar sus productos de una manera diferente en otros mercados. A simple vista podemos apreciar que la escasa humedad, la crudeza de nuestros inviernos y el resto de las condiciones agroecológicas nos da la oportunidad de producir alimentos más sanos.

 El asado que nos hace feliz

 La combinación de estos factores posibilita que en la región se haya extendido la barrera zoofitosanitaria generando una zona libre de aftosa sin vacunación. En términos geográficos el territorio reconocido como Patagonia Norte A  pasa a tener el mismo estatus sanitario que la región comprendida la Patagonia Norte B  en la Provincia de Río Negro, y las provincias de Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Desde un punto de vista marketinero esto nos daría una ventaja por tener un producto diferenciado y el acceso a nuevos mercados. En este caso estamos frente a uno de los productos de consumo masivo y muy requerido por amplios sectores de la sociedad.

En estos últimos 4 años hemos registrado incrementos en el valor de nuestra preciada costilla de alrededor del 300% debido a una multiplicidad de factores, entre los cuales se cuenta la sequía más extensa de los últimos 50 años, la sojización y el consecuente desplazamiento de la actividad y la falta de planificación del Estado en una visión de largo plazo, como es el caso de la crisis ganadera. Sin olvidarnos del fuerte golpe que tuvo la industria de la carne, básicamente los frigoríficos mataderos, en la actualidad el Estado nacional a través de los planes REPRO (Programa de Recuperación Productiva) del Ministerio de Trabajo sostiene el salario de los trabajadores de alrededor de 12 frigoríficos cárnicos en todo el país.

En este panorama hubiera cundido la histeria general por la escasez del preciado bife y a decir verdad los clamores populares no se han visto reflejados en ningún cacerolazo. Esto está dado porque las clases populares han suplantado el producto por otros de igual valor proteico e indirectamente posibilitando el desarrollo de pequeñas industrias y la producción de animales menores.

 Chivos, corderos y pequeñas manufacturas

 Un modelo que tienda al desarrollo de industrias diversificadas estratégicas en el marco de un Estado inclusivo deberá plantearse también una fuerte política de distribución de la riqueza que tienda a la desconcentración de los sectores productivos, teniendo al TRABAJO como eje vertebrador. Proceso en el cual se verán beneficiados, en distintos grados y medidas, todos los actores cuyos intereses se identifiquen con el fortalecimiento del Estado nacional, con el trabajo y la producción en sus distintas escalas. Y acá concretamente estamos hablando de las pequeñas industrias avícolas y porcinas, así como de los crianceros y agricultores familiares. Todos estos actores deben estar articulados en oposición a aquellos grupos cuyos intereses trascienden lo nacional porque despliegan su actividad en relación no a un territorio sino a una organización global definida empresarialmente de forma transnacional.

La creación de riqueza sustentable con alto grado de agregado de valor en origen implica desarrollar procesos de modificación de las materias primas agregando valor a la producción primaria integrando las cadenas de valor desde la producción al consumo (pasando por la industrialización, la distribución, la comercialización en el mercado interno y en el internacional) como única forma de aprovechar lo que produce nuestro suelo en toda su complejidad. Es lo que se denomina “la nueva ruralidad”, donde el desarrollo de cualquier actividad productiva, agropecuaria y/o agroindustrial debiera desencadenar procesos de desarrollo local y regional y tender al equilibrio territorial, en el marco de un proceso de desarrollo nacional que lo contenga; pero entendemos que en el caso de las actividades acá mencionadas están por un lado, sujetas a las condiciones agroclimáticas y geográficas como principal determinante; y por otro lado y fundamentalmente, su desarrollo responde más a la lógica de la economía global; y por tanto el destino de la producción, los factores económicos involucrados y los principales condicionantes obedecen a lógicas que se encuentran fuera de la propia región, en el “mercado global”; por consiguiente la apropiación fundamental de la renta y el impacto de su desarrollo no se manifiesta enteramente en la “economía de la región.

*C.A.N.PO.

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