El arte callejero no es delito

Por Nicolás Milán y Yesica Falcone

Ante la propuesta de reforma al Código Contravencional porteño, impulsada por el oficialismo de la Ciudad de Buenos Aires que responde a Horacio Rodríguez Larreta, en el día de ayer murgas, músicas y músicos, clowns, payasos y payasas, malabaristas, bailarinas y bailarines, actores y actrices se manifestaron frente a la Legislatura porteña bajo la consigna: “El arte callejero no es delito”.

 

Varios espacios de artistas organizados hicieron diversas representaciones artístico-culturales en el lugar. La calle Perú se llenó de murgas e improvisaciones que sonaban, en firmes notas, que el arte no es delito, mientras bailarinas y bailarines hacían lo suyo al compás y malabaristas coloreaban el gris paisaje urbano con clavas y aros de todos los tonos.

Según expresaron las y los artistas allí presentes, lo más controvertido de esta reforma es que la misma habilita las denuncias anónimas por “ruidos molestos” y sanciones que alcanzan los $2000 e inclusive, algunos días de arresto. Esto resulta exagerado teniendo en cuenta que pueden considerarse como tal las tradicionales murgas características de todos los barrios porteños. Además deja abierta la puerta a la criminalización del arte callejero y pone en peligro a miles de fuentes de trabajo.

Más allá de las distancias geográficas con la Capital Federal, esta polémica no es ajena a nuestra provincia. En la ciudad capital de Neuquén, el pasado enero ya hubo conflicto por el desalojo, por la fuerza policial, de una conocida artista callejera del monumento a San Martín, desalojo ejecutado con el argumento de que había una nueva disposición del gobierno. Si bien, en su momento el intendente Horacio Quiroga desmintió la intención de desalojar a los artistas callejeros, la realidad es que desde el municipio poco se hace para incentivar espacios destinados a la cultura y el arte popular.

Algo similar ocurre en la ciudad vecina de Plottier, donde la conocida Sala de Artes se encuentra prácticamente vacía de contenido artístico, salvo por talleristas de excelente voluntad que hacen todo lo posible para acceder a estos espacios, cuando en realidad es el municipio quien debería garantizarlos y abrirlos a la comunidad.

Por esto mismo, sostenemos que es de suma importancia la defensa de los espacios artísticos populares, pues ellos representan la alegría de nuestro pueblo y, como ya sabemos, nada grande se puede hacer con tristeza.

 

 

 

 

 

 

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