Anfiteatro Gato Negro

Por Sabrina Salto*

Una historia recuperada desde la cultura popular

La primer piedra fue removida el 22 de abril del 2012, cuando en horas de la madrugada las topadoras enviadas por el gobierno municipal de la ciudad de Neuquén, arrasan cubriendo de escombros y desidia parte de su patrimonio histórico y cultural, destruyendo y tapando el anfiteatro emplazado en el Parque Central donde antaño se encontraba la plataforma giratoria del ferrocarril. No hubo consultas, ni a las instituciones pertinentes, ni al pueblo entero, sólo hubo estupor cuando el amanecer reveló tierra removida donde antes había un espacio para la cultura popular.

Este lugar fue tapado por el municipio de Neuquén en el marco de una decisión unilateral e inconsulta, tal como se expresa en el Decreto 03/2012 Expediente 326-M-2012 -CONTRATACIÓN DIRECTA-, violando dos ordenanzas y hasta un decreto provincial. Y hoy, a pesar de haberse aprobado hace cinco meses una nueva norma que le ordena limpiar, iluminar y refaccionar este sitio, salvo el retiro de los escombros a fines del año pasado, no hay novedades concretas de que vaya a cumplirla, más que un anuncio para el segundo semestre.

Cantaba Zitarrosa, un hermano de la Latinoamérica grande: “En mi país, qué tristeza, la pobreza y el rencor (…) Tú no pediste la guerra, Madre Tierra, yo lo sé. Dice mi padre que un solo traidor puede con mil valientes; él siente que el pueblo en su inmenso dolor, hoy se niega a beber en la fuente clara del honor”

Pero el pueblo neuquino sí bebió, y embebido en un crisol de sentimientos contradictorios, fluyó.

A través de las redes sociales, síndrome inequívoco de la modernidad, surge la espontánea llamada, y el “dominguero” 29 de abril del mismo 2012, decenas de espíritus se sienten convocados por la idea de desenterrar a mano, pala y carretillas aquel foso de dignidad. Así nace y se conforma espontáneamente el Colectivo de Artistas y Vecinos Autoconvocados (CAVA) Gato Negro, tomando su nombre del felino que corrió la misma suerte que el histórico anfiteatro. Ambos fueron desenterrados, no sólo con vida, sino con revitalizada existencia.

Zitarrosa soñaba: “Dice mi padre que ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo, y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar”.

La espontaneidad fue su motor y propulsión; el colectivo fue tomando fuerza y sentó sus bases en el diálogo continuo y la acción concreta. Y la humana organización demostró una vez más, que cuando se confluyen las intenciones, se pule la técnica, se respetan los acuerdos y sobre todo cuando se amalgaman las mejores intenciones hacia la humanidad toda y simple, la cosa avanza agigantadamente.

Y llegaron los logros, aun los que parecían inverosímiles. El antiguo anfiteatro fue desenterrado por completo en el lapso de tres semanas. Su sucedieron plenarios de las artes, se presentó un proyecto de ordenanza ante el concejo deliberante; se avanzó por la senda de la movilización popular, y también por las vías que las instituciones creadas para organizarnos como sociedad han establecido; nada fue librado al azar.

“Tú no pediste la guerra, Madre Tierra, yo lo sé (…) En mi país somos duros: el futuro lo dirá. Canta mi pueblo una canción de paz. Detrás de cada puerta está alerta mi pueblo; y ya nadie podrá silenciar su canción y mañana también cantará”.

El CAVA mostró lo mejor de la especie al organizar el simbólico número de 13 festivales artísticos todos los domingos durante el 2012, y continuán durante este 2013. El vital impulso ante el adverso gobierno engendró músicas, audiovisuales, danzas, bailes, expresión, comunión. A través del apoyo popular concretado en 8.000 firmas y la manifestación de diversas personalidades de renombre (Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel) y organizaciones no gubernamentales, el latido se hizo sentir. La comunidad no estaba dormida. No había opio, sino más bien vitalidad.

Pero otra madrugada volvió a atentar contra la cultura popular, y las sordas máquinas, carentes de toda capacidad de reciprocidad en su avanzar, arremetieron contra aquel silencioso foso insurgente, y el último lunes de julio de 2012 la tierra avanzó como la violenta prepotencia de quien las envió.

Pero las máquinas no sabían lo que Zitarrosa ya había comenzado a cantar: “En mi país, que tibieza, cuando empieza a amanecer. Dice mi pueblo que puede leer en su mano de obrero el destino y que no hay adivino ni rey que le pueda marcar el camino que va a recorrer”.

El CAVA y gran parte de los díscolos convocados estaban alertas y fortalecidos, quizás incluso, más de lo que en sí mismos lograban intuir. Cambiando la historia y lo escrito, unió el amor y el espanto. Y nuevamente, en un recursivo giro de la historia, allí estaban las multiplicidades de acciones, no violentas y de base, expresadas en múltiples intervenciones artísticas, firmes en su convicción. Palas, carretillas, baldes, manos, pero sobre todo convicción: si había que desenterrar una y mil veces, así se haría.

Este desapropio a los espacios públicos es similar a los que sucede en el Consejo para el Desarrollo de las Artes y la Interculturalidad, uno de las partes fundamentales en la lucha por la recuperación del Anfiteatro y donde se discutieron los cinco proyectos, incluso el propio del Ejecutivo. Como se lograron unificar cuatro de las propuestas por voluntad de la mayoría de sus integrantes, el municipio decidió ignorar ese resultado. Nunca pagó los sueldos de los integrantes de la Mesa Ejecutiva, tal como establece la ordenanza. Cambió la Presidencia del cuerpo, antes era la actual subsecretaria de Cultura, Silvina Sosa y ahora lo es Yenny Fonfach, actual secretaria de Desarrollo Humano. Suspendió las reuniones de la Mesa Ejecutiva a último momento, impidiendo ingresar al resto de sus integrantes a sesionar en el Museo Gregorio Álvarez.

Es claro que el municipio neuquino no quiere que se discutan políticas culturales que no le signifiquen un reembolso o beneficio económico. Es claro que en la ciudad de Neuquén la política cultural inclusiva es para unos pocos y no para todos y todas.

¿Qué hacer ante esta situación? Apropiarnos de los reclamos, denunciarlos y trabajar para corregir esa situación. Usar las mismas herramientas que los medios, eventuales aliados del poder. Es decir, hacer público lo que realmente hacen y no lo que dicen que hacen.

Es una cuestión política. Pero lo político no tiene porque ser considerado algo malo. Lo político no tiene que ser algo propio de los partidos ni de los funcionarios. Su mal desempeño no tiene que teñir a la política que, como arte de la discusión de ideas y construcción desde la diferencia, es apasionante.

Y termina la canción, pero se vuelve a iniciar la historia: “En mi país, que tibieza, cuando empieza a amanecer (…) En mi país somos miles y miles de lágrimas y de fusiles, un puño y un canto vibrante, una llama encendida, un gigante que grita: ¡adelante… adelante!”.

 

*Licenciada en Trabajo Social

Gerencia de Empleo y Capacitación Laboral – Neuquén

Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad Social de la Nación

 

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