Hugo Chavez Frías…fue por una lluvia que realmente moje

Por María Beatriz Gentile*

Porque cuando el 15 de diciembre de 1999 después de que uno de los peores desastres naturales del siglo XX dejara a los venezolanos sin los tradicionales festejos postelectorales por las lluvias torrenciales, Hugo Chavez se imponía con el 71.5%  de los votos por el que refrendaban la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Los que habían votado por él no eran buena parte de los empresarios, ni de los partidos políticos tradicionales, ni  del periodismo ni de la Iglesia Católica.

Pocos lo tomaron en serio cuando siete años antes – al poco tiempo de esa enorme protesta popular que fue el caracazo  en 1989 siendo un oficial escasamente conocido en las instituciones armadas y casi nada entre las civiles, intentó mediante un golpe de estado derrocar al gobierno corrupto de Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática. Chávez fue encarcelado, pero la crisis no se detuvo y la caída del gobierno tampoco.

Política y petróleo  van juntos en la historia venezolana del siglo XX. Desde 1926 el valor de las exportaciones petroleras supera a todas las demás. Sin embargo, Chávez aprovechó el boom de este recurso para realizar un programa sin precedentes de políticas sociales, sobre todo en las áreas de educación, salud, vivienda e infraestructura, que mejoraron sustancialmente la vida de la inmensa mayoría de la población. Como dice Boaventura de Souza Santos, la Venezuela saudita dio lugar a la Venezuela bolivariana.

No le tuvo miedo a la palabra Socialismo, al que definió como democracia sin fin. Como Salvador Allende creía en la vía pacífica; pero como el viejo Fidel sabía que el diablo andaba cerca y venía del norte. Se abrazó a América Latina e invirtió en ella. Le dio la mano llena de recursos a los países más pequeños  como Nicaragua, Haití y Cuba. Ayudó sin condiciones a la Argentina de Néstor Kirchner empobrecida y aislada  en el 2003; a la Bolivia de Evo -jaqueada por la derecha blanca y criminal-; al Paraguay de Lugo que se animaba a cambiar la historia. Se hermanó con el Ecuador de Correa  y juntos frenaron a los EEUU en el intento de convertir a Colombia en la Guantánamo andina. En política exterior tres aspectos marcaron su sello: la determinación del precio del petróleo, Chávez logró el resurgimiento de una OPEP que hacía 25 años que no funcionaba. Tomó la decisión expresa de materializar el antiimperialismo norteamericano y estableció lazos con sus adversarios más temidos: Cuba, Libia, Irak e Irán.  Por último, la integración Latinoamericana con el ALBA (Alianza Bolivariana de las Ameritas) en contraposición del ALCA norteamericano; UNASUR, el BANCO DEL SUR y el refuerzo sustancial con la entrada de Venezuela al MERCOSUR.

Como parte de ese conjunto de leyes que consagraron a la Revolución Bolivariana, nacionalizó empresas, lo que causó la ira de los inversores extranjeros, que se vengaron con una impresionante campaña de demonización y burla. Desarticuló el capitalismo que existía, pero no lo sustituyó. Polarizó la lucha de clases y puso en guardia a las viejas y a las nuevas clases capitalistas, que habían tenido durante mucho tiempo un monopolio casi total de la comunicación social y que siempre mantuvieron el control del capital financiero. La polarización llegó a la calle, intentos de golpe de estado, desabastecimiento, atentados mediáticos y una permanente condena supranacional del arco “occidental”, fueron el condimento de los últimos años.

Tal vez el mayor desafío que deja su partida sea el sostenimiento de los cambios en el plano de la política. Chávez asentó su poder sobre dos bases: la adhesión democrática de las clases populares y la unión política entre el poder civil y las fuerzas armadas. No cabe duda que Chávez contribuyó en forma decisiva a consolidar la democracia en el imaginario social venezolano;  pero las Fuerzas Armadas y las democracias populares no se han llevado bien en América Latina. Chávez logró una unión de sentido progresista que le dio estabilidad al régimen, pero a cambio les garantizó a los militares venezolanos la continuidad en el control económico de algunas áreas estratégicas que siempre detentaron. Esto, como dice Boaventura, además de ser una fuente de corrupción, mañana puede volverse en contra de lo hasta aquí logrado.

Hugo Chávez Frías fue por una revolución y la encontró en el corazón de las clases populares venezolanas. Las fuerzas conservadoras se sienten optimistas y creen que el huracán Chávez –como lo llamó alguna vez la prensa- ha pasado. Es probable que así sea, pero nada impide que tras los fuertes vientos de cambio la lluvia siga regando la tierra fértil de una Venezuela distinta, tal vez hoy más bolivariana que chavista.

*Profesora de Historia

 

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