Acuerdo YPF- CHEVRON

Por Ailin Gamoneda

Una estrategia nacional

El Acuerdo entre el Gobierno nacional con la empresa Chevron ha marcado fuertes controversias en los últimos días. Para entender de qué se trata debemos tener en cuenta las siguientes cuestiones.

Nuestro país, en los últimos años, ha alcanzado un notable crecimiento económico sustentado en una fuerte intervención del Estado, el cual comenzó a ocupar el lugar de regulador de la economía. De este modo se logró incrementar el salario de los trabajadores, ampliando el consumo de las clases populares. Para abastecer esos altos niveles de consumo se crearon nuevas industrias textiles, alimenticias, metalmecánicas, de repuestos e insumos, automotrices, etc. No obstante, sostener estos niveles de producción requiere de la utilización de energía fundamentalmente de la eléctrica y de la hidrocarburífera.

En los 90, con el gobierno de Menem, la empresa de hidrocarburos YPF fue privatizada, haciendo caso a las ideas económicas y políticas que por aquel entonces predominaban. El país se despojó de sus industrias, aumentó la desocupación, el consumo se estancó y se abasteció mediante la importación de todo tipo de productos fabricados en el exterior.

Argentina fue el único país del mundo que privatizó su petróleo voluntariamente, sin ningún tipo de resistencia, aun cuando a nivel mundial se produjeron numerosas guerras y golpes de Estado por parte de las principales potencias económicas para quedarse con el preciado oro negro.

En el 2012 el Gobierno nacional, consciente de la necesidad de recuperar el recurso energético fundamental para el sostenimiento de desarrollo económico decide nacionalizar la empresa YPF.

Recuperar YPF al servicio del Estado Argentino es recuperar poco a poco nuestra soberanía. No existe soberanía política si no hay un desarrollo económico con equidad y eso sólo es posible alcanzando un nivel alto de autoabastecimiento energético. Contamos con la ventaja de que nuestro país tiene petróleo y gas bajo su suelo, es sólo cuestión de ponerlo en valor.

Para lograr la extracción de este valioso recurso se requieren inversiones multimillonarias y el know how tecnológico, es decir el “saber cómo”. Argentina no cuenta en la actualidad con esos recursos pero sí cuenta con una empresa estatal capaz de liderar el proceso de explotación al servicio del desarrollo nacional.

El Acuerdo con la empresa Chevron implica una asociación con YPF, bajo la conducción estratégica de esta última, en la que ambas partes se comprometen a ejecutar el emprendimiento, compartiendo la inversión, los riegos y los beneficios. Sólo se trata de poner en valor el recurso hidrocarburífero de nuestro país superando la dependencia al factor externo como a la insuficiencia de recurso económico interno.

Entre los principales aspectos controvertidos de este Acuerdo se encuentra el impacto ambiental que esto podría traer en las zonas de explotación. No es ninguna novedad que cualquier actividad extractiva genera contaminación, tanto las que se harán en el futuro como las que actualmente se están llevando a cabo. Lo que se plantea pone de manifiesto el modelo extractivo dependiente que hemos sufrido durante las décadas del 70 y 90, en tanto consecuencias del saqueo y la apropiación privada de los bienes naturales, la contaminación del agua (ríos y napas subterráneas) como recurso indispensable para la vida, el desplazamiento forzado de comunidades enteras, . Ciertamente, no se trata de aspectos controvertidos sino de temores fundados en la experiencia de vida, por lo que resulta indispensable el rol del Estado como articulador y garante de la calidad de vida de las poblaciones afectadas. Sin dudas, el proyecto actual dista mucho de las lógicas que motivaron la extracción décadas antes.

Si bien es muy pronto para evaluar el impacto de este Acuerdo, lo cierto es que como sociedad debemos someternos a un profundo debate acerca de cuál es el modelo de país que estamos dispuestos a acompañar y a defender y cuáles son los costos que estamos dispuestos a pagar por ser soberanos.

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