A propósito de la pesada herencia

Hay palabras o conjuntos de palabras que forman conceptos, divulgan y naturalizan. Se vuelven parte de nuestro lenguaje para definir un amplio espectro de ideas que a veces son concretas y palpables, y otras, esconden en su interior muchísimo contenido. O por el contrario, son tan vacíos, que a la hora de nombrarlos terminamos por no saber bien a qué nos referimos.

En este sentido es que en los últimos meses nos encontramos con esta nueva idea de pesada herencia. ¿Qué significa? ¿Todos pensamos lo mismo al hablar de pesada herencia?

Desde el régimen macrista se utiliza este término para referirse al saldo recibido tras doce años de gobiernos populistas. Para algunos, la pesada herencia se traduce en corrupción; para otros, en muchos beneficios para los sectores populares. Otros, en cambio, sostienen que se avaló la acumulación de los sectores más concentrados de la economía.

Antes de meternos en este brete, primero lo importante. Llegando al inicio del tercer trimestre del 2016, la Argentina se encuentra en plena recesión económica. Son múltiples los factores que llevaron al país a esta crisis que destruye el tejido social. Algunos de ellos, de larga data; otros, consecuencia directa de las políticas aplicadas por el gobierno de Macri.

El régimen que asumió el poder político el 10 de diciembre pasado se encontró con un país en pie pero con varias problemáticas a resolver. Entre los aspectos sobresalientes remarcamos una inflación en baja, crecimiento tibio de la economía, desocupación por debajo de los dos dígitos y niveles de consumo e inclusión social muy elevados en relación a décadas anteriores.

Entre los puntos negativos, la balanza comercial se encontraba en problemas como producto de un contexto internacional complejo y un déficit con responsabilidad directa de los subsidios a la energía. Por su parte, las economías regionales se encontraban en un momento difícil aunque la protección frente a las importaciones permitía sostener el mercado interno con su producción y destinar gran parte de ella al extranjero.

Fue de estos últimos índices de donde el actual gobierno se agarró para crear la idea de crisis, y crear la crisis en sí. Rara crisis para un país en el que su deuda externa estaba en el menor porcentual de su historia. Por caso, este punto, positivo para cualquier gobierno, le permitió al macrismo tomar elevada deuda para pagarle a los buitres y sostener, al mismo tiempo, políticas de inclusión como la Asignación Universal. Sin embargo, había que generar las condiciones para que la toma de deuda y el proyecto de ajuste sean aceptados socialmente.

Tras el fantasma de que existió un despilfarro descomunal, el macrismo comenzó a reducir la injerencia del Estado en programas sociales y achicó su planta de personal bajo el argumento de que había gente que no tenía función asignada. Lo que no se divulga es que esto desregula la economía de una forma brutal y que, sumado a los miles de despidos en el sector privado, el no control de los precios del mercado interno y el cierre de paritarias por debajo de la inflación, la rueda de la recesión económica se agranda. Además, la apertura de las importaciones en forma indiscriminada socavó rápidamente la reconstrucción industrial de los últimos años. Esta situación condujo a la parálisis en las fábricas, en conjunto con una caída muy grande en los niveles de consumo.

Según la lógica del actual gobierno, las nuevas condiciones, y el esfuerzo que haríamos como pueblo producto de pagar esta pesada herencia, iban a atraer una lluvia de inversiones hacia nuestro país. El sinceramiento (otro término a analizar en alguna oportunidad) generaba una situación muy favorable para los empresarios. En este sentido, la crisis internacional es un factor que el gobierno de Macri no tuvo en cuenta durante su campaña de globos y promesas.

Por todas estas políticas que no muestran un Estado ausente, sino uno direccionado hacia el sector financiero y primario-exportador, es que los números del Indec han dado como dieron. El aumento en la desocupación es producto de las políticas aplicadas por el macrismo dentro de un contexto nacional e internacional previo por demás complejo.

Pérdida de valor adquisitivo, eliminación de conquistas sociales y de leyes innovadoras, desocupación en alza, recesión con inflación, no son productos de la pesada herencia, sino signos de un primer semestre en el que el cambio se hizo notar de pésima manera.

 

Equipo de Prensa Mano a Mano Noticias

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