A 51 años del Operativo Cóndor

Mientras el gobierno de Mauricio Macri entrega la soberanía argentina al capital extranjero y somete cada vez mas al país adquiriendo deuda, hoy, 28 de septiembre de 2017, se cumplen cincuenta y un años del Operativo Cóndor, acción armada en la que un comando de militantes peronistas de entre 18 y 32 años tomaron las islas en un acto patriótico que el pueblo pareciera haber olvidado.
Durante el gobierno militar de Juan Carlos Onganía, dieciocho jóvenes abordaron un avión de Aerolíneas Argentinas, que tenía a Ushuaia como destino final. Cuando la aeronave volaba sobre el espacio aéreo chubutense, el jefe del operativo, Dardo Cabo, junto a otro compañero, entraron en la cabina de los pilotos y, armas en mano, ordenaron al Comandante y a su copiloto que desviaran el curso hacia las islas Malvinas.
Luego de bruscas maniobras debido al mal tiempo, descendieron en el hipódromo de carreras de Port Stanley, mientras los lugareños bloqueaban el avión con sus vehículos para evitar que se desplazara. Mientras los treinta y cinco pasajeros se mantuvieron a bordo en espera de noticias, los patriotas descendieron y procedieron a instalar siete banderas argentinas para reafirmar la soberanía nacional sobre el territorio. Además, en un acto simbólico y emotivo, rebautizaron a Port Stanley por Puerto Rivero, en honor a Antonio “el Gaucho” Rivero, líder de la sublevación de 1833 contra la ocupación británica de las Malvinas.
Dardo Cabo y María Cristina Verrier se entrevistaron con el gobernador interino (el titular se encontraba en el Reino Unido), Albert Clifton, para entregarle una proclama en la que dejaba en claro que las islas pertenecían a la República Argentina. Además, el escrito se refería al cambio de nombre del archipiélago de Falklands por Malvinas y Port Stanley por Puerto Rivero. Por último, la proclama reconocía las propiedades de los residentes del lugar.

El encuentro fue un fracaso rotundo y los militantes regresaron con sus compañeros para comunicarse por radio y transmitir el mensaje de que los “cóndores” estaban en Malvinas, que tenían rehenes y que no se irían hasta que el gobernador no admitiera que dieciocho argentinos habían arribado a suelo patrio. Al darse a conocer el hecho surgieron manifestaciones populares en el país apoyando aquel acto de soberanía y atacando edificios y propiedades británicas.
La fuerza policial de la isla intimó a los militantes a rendirse sin utilizar la violencia armada, pero emprender la retirada no estaba en los planes del valiente grupo. Aquí fue donde el Padre Roel, un religioso católico de las islas, se presentó como mediador en el conflicto.

Horas después se llegó a un pacto: el comando dejaría las armas en el avión, como nave argentina, y serían acogidos por la Iglesia católica, quedando a cargo del Padre Roel. No hubo rendición, los “cóndores” se marcharon a la iglesia portando sus estandartes. “Fui a Malvinas a reafirmar la soberanía nacional y quiero aclarar que en ningún momento me he entregado a las autoridades inglesas, sino que acepté el hospedaje de la Iglesia católica ofrecido a través del arzobispo de las islas Malvinas; que me consideré detenido por la autoridad argentina que allí reconocí en el comandante de Aerolíneas, Ernesto Fernández García, entregándole al gobernador de Tierra del Fuego e Islas Malvinas, señor almirante Guzmán, las banderas argentinas que flamearon en tierra malvineña durante treinta y seis horas” declararía Dardo Cabo al concluir el operativo.

El 5 de octubre de 1966, los calificados “héroes” por todo el campo popular, arribaron a Bahía Buen Suceso para ser trasladados al penal de Ushuaia y juzgados en Tierra del Fuego. Dardo Cabo, Giovenco y Rodríguez fueron sentenciados a 3 años de prisión debido a sus antecedentes en la militancia política mientras que el resto de los integrantes solo recibieron una pena de 9 meses.

En el 2012, la integrante del Operativo Cóndor y compañera de Dardo Cabo, María Cristina Verrier, le regalaría a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner los siete paños que flamearon en las islas. Uno de ellos, a pedido de Verrier, se encuentra en el mausoleo de Néstor Kirchner. Otra se encuentra en la Basílica de la Virgen de Itatí (de la que Cabo y María Cristina eran devotos), en homenaje a los soldados correntinos muertos en el Atlántico Sur. Otro paño se encuentra en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional. Hace cuatro años, la Presidenta habría entregado otra de las banderas a la Basílica de Luján, en oportunidad de celebrarse allí un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.

Otra de las banderas fue ubicada en el Museo del Bicentenario en la Casa Rosada a pasos del no menos importante pañuelo ensangrentado de Hebe de Bonafini y una más en el Museo de las Islas Malvinas en el Espacio de la Memoria.

 

Por Diego Salas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *