Paraguay: otro ensayo exitoso de la derecha latinoamericana

Por Emilio Cortese*

Las elecciones presidenciales en Paraguay realizadas el pasado 21 de abril permitieron el retorno al gobierno, tras un breve receso de cinco años, del tradicional y conservador Partido Colorado, el cual se mantuvo en el poder entre 1947 y 2008.

El triunfo del empresario Horacio Cartes es el resultado de una larga operación política iniciada con el golpe de Estado al presidente Lugo en junio del año pasado. La vuelta del conservadurismo al gobierno debe ser analizada como parte de una contraofensiva reaccionaria que está haciéndose ver en Latinoamérica. Es imposible separar la contienda electoral de la histórica derrota sufrida por el Partido Colorado en 2008, la Presidencia de Lugo, el golpe de Estado de 2012, el rol de los terratenientes, las multinacionales y el poder mediático.

Paraguay sufre una concentración de la economía en tan pocas manos que los números asustan; más del 80% de la tierra pertenece al 2% de su población; sobre 7 millones de habitantes el trabajo en negro supera el 65%; el 40% de la sociedad vive por debajo de la línea de pobreza y miles de campesinos son expulsados todos los días de las tierras por el avance del agronegocio gracias a las multinacionales Cargill, Monsanto, entre otras.

En 2008 se conformó una alianza entre diversos sectores progresistas y el Partido Liberal que llevó a Lugo a la Presidencia. La misma, formada para derrotar al Partido Colorado, derivó en un Ejecutivo muy débil, un vicepresidente de derecha (del Partido Liberal), la absoluta mayoría de las gobernaciones y municipios en manos de los grupos conservadores, un Poder Legislativo en el que las fuerzas progresistas sólo disponen de dos diputados y tres senadores (sobre un total de 80 y 45 respectivamente) y una Justicia manejada por los dueños de la tierra.

Frente a esta correlación de fuerzas, los intentos de Lugo por frenar la concentración de la riqueza chocaron con los intereses de una burguesía terrateniente que maneja el país a su antojo desde el fin de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). El proyecto de reforma agraria, una de las propuestas de Lugo, no puede materializarse por las trabas de un Congreso dominado por las fuerzas conservadoras, tanto del Partido Colorado como del Liberal. Por estos estorbos es que se llega a las numerosas ocupaciones campesinas.

Se suele colocar a la masacre de Curuguaty como el factor que impulsó el golpe de Estado de junio de 2012. En realidad, la violenta represión, armada por los partidos políticos, los terratenientes, las multinacionales y el poder mediático, fue la última escena de una obra que se iba gestando desde mucho tiempo antes. El mismo ex vicepresidente Franco (uno de los protagonistas del golpe y beneficiario de éste) afirmaba en Nueva York, a los quince días de haber asumido Fernando Lugo, que “por el momento” era el ex obispo quien estaba al mando. Más claro, echarle agua.

Medidas como la Ley de Fronteras, la cual frenaba la venta de tierras a extranjeros a menos de 50 kilómetros de las fronteras, o la prohibición del uso de semillas transgénicas, fueron políticas que suscitaron un profundo rechazo de la burguesía terrateniente. El bloque tradicional de poder, junto a las grandes empresas multinacionales, no podían aceptar tales avances de un gobierno que intentaba saldar cuentas con el pueblo trabajador. El resultado, la activación de su gran red en pos de iniciar el camino golpista y su punto cúlmine: Curuguaty.

Las empresas de comunicación: principal arma de desestabilización

Los medios de información, como todo en Paraguay, se encuentran en pocas manos y tienen un historial y juegos de relaciones por demás siniestras. El 98% del espacio radioeléctrico pertenece a corporaciones privadas; el 2% restante se reduce a la televisión estatal, fundada durante el gobierno de Lugo. Los diarios de mayor tirada (ABC Color, Última Hora, La Nación) están en manos de los terratenientes o parte de sus acciones las disponen multinacionales que van desde Cargill hasta el argentino Grupo Clarín. Fueron ellos quienes desde sus tapas y noticieros se encargaron de estigmatizar al pueblo trabajador, de hacer lobby a favor del agronegocio, de impulsar la idea de que Lugo y los campesinos eran los principales responsables de los sucesos en Curuguaty. Y, por supuesto, de plantear al golpe de Estado como una destitución legal que favorecía la continuidad democrática.

¿Cómo se explica, sino, que días después del golpe de Estado, el gobierno ilegítimo de Franco permitiera el ingreso de los transgénicos en la producción primaria, la expansión del monocultivo y la entrega de los recursos naturales a las empresas multinacionales, al mismo tiempo que aceleró la persecución contra los campesinos en una investigación completamente viciada en la que el fiscal es íntimo amigo de Blas Riquelme, dueño de la hacienda y ex senador por el Partido Colorado?

Los que nunca muestran todo el mazo

A Horacio Cartes, el empresario multimillonario y presidente electo, se lo conoce por acusaciones de estafa al Estado, contrabando, narcotráfico y la utilización del fútbol como trampolín a una escena política que hasta el 2009 no lo encontraba bajo ningún partido. Casualidades o no, este modelo de político-no político se hace presente con cada vez más fuerza en América Latina. Capriles en Venezuela, Piñera en Chile, Macri en Argentina o el ya nombrado Cartes, son la nueva vanguardia de una derecha que busca aggiornarse sin desprenderse de sus ideas neoliberales. Asociada al agronegocio, las petroleras internacionales y con las corporaciones mediáticas como aliadas y defensoras, este sector intenta retornar a los espacios de decisión política.

En una Latinoamérica donde los Estados nacionales se construyeron a imagen y semejanza de los intereses de los grandes terratenientes y del capital extranjero, Paraguay fue una piedra en el zapato. La Guerra de la Triple Alianza fue la respuesta del capital al único intento de autonomía e industrialización que vivió nuestro continente durante el siglo XIX.

Argentina, Uruguay, Brasil, entre otros, tienen gobiernos que agachan la cabeza frente a Monsanto y compañía; el retorno del Partido Colorado al gobierno paraguayo no es un hecho aislado. Hoy los pueblos latinoamericanos estamos poniendo en duda esta construcción de saqueo, destrucción y transnacionalización. De nosotros depende.

*Profesor de Historia UNCO

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