25 de mayo de 2003: apelación a la construcción de la verdad y la justicia

Por Juan Bertineti

En estos días en que algunos, interesadamente, pretenden que olvidemos la tragedia que nos tocó vivir como pueblo, se hace imprescindible recordar lo que dijera Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, en ocasión de asumir la Presidencia de la Nación: “Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias. Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye, en verdad, un ejercicio de hipocresía y cinismo .Soñé toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin rencores pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro, sino también memoria sobre nuestras propias equivocaciones. Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión”.
No se trata aquí de dar una sesuda explicación de nuestra historia, pero sí de recordar que en Argentina, luego de la situación que eclosionó en 2001, hasta se consideró la posibilidad de imponer a nuestro país un gobierno “técnico-económico” que garantizara la continuidad de las políticas neoliberales; dicho de otra manera: estuvimos a un tris de desaparecer como Nación.

Como muestra del desastre social que vivíamos, no es inoportuno recordar que el porcentaje de desocupados que nuestro país tenía al momento de asumir Néstor el gobierno, era mayor que el porcentaje de votos que recibió. En una situación muy difícil, el hecho de ser un gobierno respaldado en su origen con, relativamente, pocos votos alentó en sectores neoliberales la ilusión de que, si este presidente no funcionaba como gerente de sus intereses, en un plazo prudencial (un año dijeron) sería reemplazado.

Pero a Néstor Kirchner, un verdadero hereje político (como lo es ahora Cristina), se le ocurrió disputar espacios de poder que parecían vedados a los políticos; entonces la Política empezó a salir del infierno junto con el país, dejó de ser una mala palabra, pasó a tener en las decisiones la primacía que algunos poderosos pretendían negarle en tanto y en cuanto no coincidiera con sus intereses. Se constituyó una Suprema Corte de Justicia con juristas ampliamente reconocidos. Se apoyó la lucha de las organizaciones de derechos humanos. Fue posible someter a juicio, con las correspondientes garantías de sus derechos, a los sospechosos de haber cometido crímenes de lesa humanidad. La economía dejó de ser vista como una ciencia exacta con leyes poco menos que divinas, y pasó a ser asumida como una disciplina construida socialmente al servicio de los intereses comunitarios. Se asumió que la desigualdad entre los hombres es el resultado de relaciones de poder cuyas causas no son “naturales” ni inmodificables.

Fue claro que el ámbito adecuado de desarrollo para la Argentina debe basarse, en sus aspectos internacionales, en la comunidad de intereses que unen a los países latinoamericanos; y en sus aspectos nacionales en la fortaleza del mercado interno. Sucedió lo que los profetas del odio vaticinaban que no sucedería: nos liberamos de la ominosa tutela del F.M.I. y renegociamos la deuda en condiciones no asfixiantes para los objetivos nacionales y populares, comenzamos con la creación de puestos de trabajo en la industria, y pudimos dar algún alivio a nuestros jubilados.

Los gobiernos de Néstor y Cristina han sido acompañados por el pueblo porque nos han distanciado enormemente del abismo en el que estuvimos a punto de despeñarnos. Para persistir en este camino fructífero, aunque no fácil, nuestra presidenta ha sido muy clara: el desafío de la hora nos exige estar Unidos y Organizados. Con corazón militante, tengamos la alegría de luchar empecinadamente… ¡Nunca menos que la Patria que soñamos! ¡Nunca menos, ni un paso atrás!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *