Software libre y soberanía tecnológica

Por Vladimir Di Fiore

Ahora usted puede que se este preguntando en qué me baso para decir esto, o porque un software puede hacer a la soberanía y sobre todo de qué hablo cuando hablo de software libre. Bien, comenzaremos por decir que llamamos software a los programas que ejecutamos en una computadora, un celular, una cámara de fotos o un cajero automático por dar algunos ejemplos. Luego diremos que el software se divide en dos grandes grupos, por un lado tenemos un tipo de software que restringe y limita a quienes lo utilizan vedándoles toda posibilidad de colaboración y de apropiación tecnológica al que llamaremos privativo y por otro lado contamos con un tipo de software que garantiza la apropiación, la colaboración y el desarrollo colectivo y responde al nombre de Software Libre.

Un programa comparte muchas cosas con una receta de cocina, en los dos casos tenemos pasos a seguir, procedimientos y un producto terminado. Si gusta de cocinar seguramente en más de una ocasión ha de haber experimentado cambiando algún ingrediente de la receta que estaba siguiendo y seguramente gusta de intercambiar recetas con amigos. Bien, solo por un instante imagine que vive en un mundo donde ya no podrá cambiar recetas con amigos ni modificarlas porque alguien decidió que esa receta no se pueda modificar y que si intenta compartirla querrán arrestarlo por violar la ley. Este ejemplo que, aplicado a una receta de cocina se asemeja a la ciencia ficción, es la realidad del mundo de la tecnología, donde todos los programas con licencias propietarias impiden que quienes lo usan puedan tengan acceso a ver cómo están hechos, a modificarlos o a compartirlos.

En nuestra sociedad, el software maneja una cantidad importante de datos, muchos de los cuales corren sumo peligro por ser manejados con herramientas que privan a las personas de saber que se hace con los mismos y los atan a las idas y vuelta de un conjunto de empresas privadas, que lejos de responder al concepto de servicio solo se guían por la ganancia económica.
El estado, en tanto responsable de garantizar y salvaguardar los datos que los ciudadanos le transfieren no cumple con esta responsabilidad, cada vez que decide utilizar alguna herramienta propietaria (no libre), ya que le es imposible garantizar la integridad de los datos, el uso de los mismos para otros fines que para los que han sido recabados y la disponibilidad futura de los mismos. Ya que es la empresa que suministra el software propietario quien tiene la “sartén por el mango”, convirtiéndo al estado en un rehén, obligado a actualizar el software cuando el proveedor decide – pagando las consiguientes licencias, claro – y sin capacidad alguna para garantizar la seguridad y confidencialidad de los mismos.

Y tal como dijera el Juez Doctor Ariel Coll, (ex Ministro del Supremo Tribunal de Justicia de la provincia de Formosa): “Desde esa concepción, sostenemos firmemente, que las herramientas del conocimiento y la tecnología como ciencia aplicada, deben estar al servicio del pueblo. La apropiación de las mismas y su encriptación, alejando a la gran masa de usuarios de su utilización libre, subordina la tecnología a los propósitos de una minoría, sumiendo a las mayorías en una dependencia tecnológica hacia la primera.”

Es por todas estas razones que decimos que es un gran paso en pos de la soberanía tecnológica de nuestro país el que hoy contemos con políticas públicas que se basen en el uso y desarrollo de Software Libre. Celebramos que el Programa Conectar Igualdad haya decidido desarrollar Huayra, que el software de los nuevos DNI sea un desarrollo libre y que el sector de pymes y cooperativas tecnológicas con base en Software LIbre no paren de crecer

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